jueves, 24 de mayo de 2012

Flamenco cum laude

Un programa de doctorado, que podría extinguirse con los nuevos planes de estudio, forma a doctores en flamenco en la Universidad de Sevilla

Antonio Alcántara

Doctor en flamenco. A este título, que no sirve para recetar una seguiriya de Manuel Torre o una malagueña del Mellizo, aspiran más de 130 alumnos de posgrado de la Universidad de Sevilla. El flamenco está inmerso con mucho compás en el tercer ciclo de la institución académica hispalense al ritmo del doctorado “El flamenco: un acercamiento multidisciplinar a su estudio”, cuya denominación constata que no es un cursillo o conferencia liviana y superflua sobre la jonda materia. Esta genial iniciativa surgió gracias al esfuerzo ímprobo de docentes universitarios y totalmente por amor al arte, en este caso al jondo. “El flamenco tenía que adquirir rango académico y entrar en la formación e investigación universitaria”, asevera la profesora Eulalia Pablo, coordinadora actual del programa y auténtica alma máter junto con José Luis Navarro y Cristina Cruces, la primera directora del doctorado.

Desde que comenzara en 2004, los estudiantes de este programa interdepartamental, único en todo el mundo, han aportado a la investigación flamenca una seria y vasta gama de trabajos. Estudios tan diversos como “La saeta en Extremadura” de la investigadora y cantaora Raquel Cantero, “Flamenco y Radio en Sevilla desde 1924 a 2010” del periodista Ildefonso Vergara, “El pie de la bailaora de flamenco” de José Manuel Castillo o una magnífica biografía y análisis estilístico y musical de José Cepero realizada por el investigador y crítico Antonio Conde. Hasta un servidor se ha atrevido a hacer la tesina sobre "Los cantes de labor de Torredelcampo". 

Dentro de este programa hay ya cuatro alumnos que han conseguido el título de doctor, además otros cincuenta han presentado sus tesinas y ya pueden ronear de su Diploma de Estudios Avanzados. Kyoko Shikaze consiguió este título, pasaporte previo a la tesis, con su proyecto “El flamenco en Japón”. A la manida pero obligada pregunta de qué tiene el arte jondo que tanto atrae a sus paisanos, responde con gracia: “Nos gusta mucho porque tenemos muy buen gusto, pero también nos apasiona el jazz, la salsa o el tango argentino”. La corresponsal de la revista japonesa especializada “Paseo Flamenco”, que ha acompañado como traductora a Paco de Lucía, Sara Baras, Joaquín Cortés o Vicente Amigo, decidió matricularse para “ordenar mi conocimiento y mirar el flamenco de otra manera”.

Como asevera Kyoko este doctorado, ahora reconvertido en máster, ofrece al alumno una perspectiva más amplia sobre el flamenco. El estudiante de este programa debe cursar durante el primer año 30 créditos siempre con el flamenco como eje vertebrador entre asignaturas variopintas como “Historia del baile”, “Los medios como agentes de socialización del flamenco”, “Los estilos flamencos y su didáctica” impartida por la profesora Pablo, “Género y Flamenco. La sexuación del arte” de la antropóloga Assumpta Sabuco o “La complejidad musical del flamenco: estructuras armónicas y rítmicas” a cargo del guitarrista y doctor en Filología Hispánica, Francisco Escobar. El profesor sevillano, uno de los más implicados en las coordinaciones de los proyectos, corrobora la importancia de este programa que “ofrece unas estrategias formativas e interdisciplinares que facultan al doctorando en el proceso de forja paulatina de una tesis rigurosa, artículos publicables en revistas de impacto y sometidas a un sistema de revisión de pares (réferit)”. Escobar añade que “de esta manera el futuro especialista podrá contribuir al desarrollo científico de nuestro campo, dando, al tiempo, un paso adelante en el avance de los estudios sobre su objeto de análisis”.

Pero este doctorado no está sólo concebido para fomentar la investigación en materia flamenca, sino para “ponerlo a la altura de otras artes o disciplinas y una desvinculación significativa a antiguos tópicos”, como reconoce la cantaora Rocío Márquez, otra alumna del programa. Esta joven onubense, ganadora de la Lámpara Minera en 2008, considera que es muy importante que el flamenco esté en la universidad porque es una “responsabilidad de todos los que amamos nuestra cultura hacer que el flamenco, un modo de expresión artística de nuestro pueblo, esté al alcance de todo el que quiera conocerlo y acercarse a él”. Al igual que Márquez, el bailaor malagueño Manolo Albarracín ha decidido inscribirse este curso en el programa ya que considera que el flamenco es parte de la historia de Andalucía. “Hemos crecido hablando de él, cantándolo y bailándolo, disfrutándolo y presumiendo de él cuando viajábamos a otros países, por eso es necesario que se estudie para que apreciemos aún más su riqueza y le demos la importancia que realmente tiene ya que es una de nuestras insignias”, asevera este nuevo alumno.

Los estudiantes de este doctorado no son todos andaluces o españoles, sino que proceden de diversas partes del mundo como Italia, Dinamarca, Holanda, Brasil, Corea o Estados Unidos constituyendo un auténtico crisol cultural en las aulas sevillanas con una pasión común: el flamenco.

A pesar de la buena marcha y del éxito cosechado durante los siete cursos del programa, no está asegurada su continuidad en los próximos años debido a boloñeses planes. La directora del doctorado comenta que “tenemos la satisfacción de lo conseguido, la respuesta de nuestros alumnos y, por otra, la carrera de obstáculos que hemos tenido que realizar y que, con los cambios de los nuevos planes de estudios, va a dar al traste con el actual programa de doctorado, que seguramente desaparecerá cuando empezaba a dar sus frutos”. Sería una pena negra como la de una seguiriya que se parase el compás en las aulas universitarias sevillanas. 

martes, 1 de mayo de 2012

Farruquito: "Soy flamenco desde que me levanto"

Antonio Alcántara / Almería


"El Camarón del baile" o "el príncipe gitano" son algunos sobrenombres que compañeros de profesión le han atribuido al bailaor Juan Manuel Fernández Montoya "Farruquito". Flamenco desde el alba al aurora es heredero de una de las estirpes más flamencas y admirador de la música de Michael Jackson. 


Los aficionados tenían muchas ganas de verlo bailar, ¿estaba ansioso Farruquito por volver a los escenarios?
Yo llevo toda mi vida bailando. Desde que tenía cuatro años he estado por ahí dando vueltas. Así que tenía muchas ganas y más con este espectáculo que es una forma nueva que yo he hecho con músicos como violinistas, pianistas a la percusión. Además, bailo solo en el escenario que es una cosa que no había hecho nunca. Estoy loco por seguir mostrando mi baile a la gente.
Lo han definido como el Camarón del baile, el príncipe gitano, ¿estos halagos de compañeros le dan mucha fuerza para bailar?
Que me digan cosas de este tipo es muy fuerte para mí. Yo no considero todavía que me puedan comparar a esos niveles. Camarón fue un genio y yo todavía soy muy joven y estoy muy lejos de eso. Pero la verdad es que eso te da fuerza.
¿El flamenco es para usted una forma de vida o simplemente es su vida?
El flamenco es mi vida. El que es flamenco se levanta por la mañana haciendo flamenco y se acuesta también siéndolo. No es que se ponga un traje y las botas y ya sea flamenco y después deje de serlo.
¿Es su arte pura inspiración e improvisación absoluta?
Hay mucha improvisación, pero claro que hay muchas horas detrás de trabajo. Hay un esfuerzo de cuidar las cosas musicalmente, de ensayos, de disciplina. Pero cuando ya está estrenado un espectáculo se olvida eso y se comienza a disfrutar. Aunque antes hay mucho esfuerzo, no sólo es ponerse las botas y a bailar.
Usted firma la dirección, letras, música y coreografía ¿cómo surgió el espectáculo y qué significa para Farruquito?
Me surgió presentándole las ideas a mis músicos. Me reuní con ellos un día en Sevilla y les dí unos cd's con las letras grabadas así en bruto y a partir de ahí comenzamos a trabajar y cada uno aportó su granito de arena. Cada uno hacía una melodía y cuando nos dimos cuenta había ya una cosa muy bonita. La verdad es que 'Puro' se ha hecho con mucho cariño
Fusiona los elementos naturales con los palos del flamenco, ¿qué elemento se identifica más con su baile?
Según la época. A mí me gusta mucho la tierra, eso de tener los pies en el suelo y ser de tu gente, de tus amigos. Me identifico más con este elemento, aunque a veces bailando por alegrías me convierto en agua. Es muy difícil explicarlo, depende del momento.
¿Es un espectáculo puramente ortodoxo?
Es un espectáculo flamenco hecho a mi forma de verlo siempre humildemente y respetando lo que se hace. Hoy se hacen cosas muy buenas en el flamenco y otras que no son tanto de nuestro gusto. Yo expongo mis ideas, yo no sé hacer otra cosa que no sea flamenco y por eso es un espectáculo flamenco al 100%, pero hay tendencias musicales que cada música interpreta a su manera y esa libertad es lo que hace más grandioso al espectáculo.
En 'Puro' introduce dos novedades, ya que no hay nadie de su familia y aporta más instrumentos aparte de la guitarra. ¿Por qué ha tomado estas decisiones?
Pues mira, yo este espectáculo lo escuchaba así. Cuando estaba componiendo había melodías que me pedían un violín, otras un piano, había momentos en el escenario que requerían unas percusiones como una tabla india. Entonces como yo escuchaba eso en mi mente pues lo he hecho así, conforme a mis sentimientos y a mi instinto.

Además, cuenta con una pléyade de artistas impresionante, ¿le da mucha más fuerza escuchar a estos buenos músicos en el escenario mientras está bailando?
Hasta decirte que cuando muchas veces estábamos ensayando y yo los veía un poco de fuera y veía el espectáculo haciéndolos ellos solos, yo pensaba ¿ya para qué voy a salir a bailar? Si la están formando ellos solos. La verdad es que he tenido la suerte de rodearme de una cuadrilla muy buena.
¿Qué siente usted al ser el relevo más directo de esa estirpe a la que pertenece?
La verdad es que no pienso mucho en eso, porque si se piensa ya te distraes con otras cosas y no estás en lo que estás. Pienso en seguir aprendiendo y seguir bailando.
Su hermano Farru ya está reconocido como un gran bailaor a nivel mundial, pero El Carpeta viene también pegando fuerte, ¿no?
Hombre, ese es peligroso (risas). La verdad es que sí, gracias a Dios tenemos la suerte de que todavía tenemos en casa gente que le gusta el flamenco.
¿A qué artistas antiguos admira más Farruquito? ¿Y con respecto a los actuales?
Pues gracias a mi padre, que era Juan 'El Moreno', un cantaor aficionado muy bueno, aprendí a aficionarme al cante. Entonces desde pequeño he escuchado a los más grandes como Tomás Pavón, la Niña de los Peines o Vallejo. Cada artista tiene sus cosas que admirar, no se puede decir solamente que haya uno que me guste más que el otro porque como soy aficionado al flamenco en general es muy difícil quedarse con uno porque cada persona su grandiosidad y su arte. De los actuales me pasa lo mismo, por ejemplo los cuatro cantaores que van conmigo en mi compañía, aunque canten para bailar son muy buenos cantaores.
¿Qué opina un bailaor tan puro del flamenco fusión?
Pues yo no lo he hecho nunca porque no me ha apetecido, pero cuando veo algo que está bien hecho me gusta más que algo que está hecho por el simple hecho de ir a la moda que hay con el flamenco fusión y hay gente se sube al carro. Pero cuando se hace algo en condiciones yo le digo olé porque a mí me gusta la música.
¿Qué otro tipo de músicas le gustan a Farruquito?
Yo siempre he escuchado de todo, excepto las músicas duras como yo le digo al heavy metal. En mi casa tengo música de Michael Jackson, siempre lo he escuchado, Louis Armstrong, Aretha Franklin, también música clásica como Joan Sebastian Bach y también a Falla. Me enriquezco con estas cosas porque la música siempre te enseña cosas, lo que pasa es que siempre he hecho flamenco porque creo que es lo que mejor sé hacer.



martes, 24 de abril de 2012

Si Larra levantara la cabeza...se pegaría otro tiro

...Mira los mortales de todos los países. Cada cual se apresura a traer aquí una piedra para contribuir al loco edificio. ¿No oyes ya la confusión de las lenguas? El inglés, el alemán, el español, el italiano, el... ¡Babel la nueva! Empiezan a no entenderse. Ya en una ocasión se han tirado unos a otros a la cabeza los materiales de la grande obra; el suelo ha salido de madre como un río de su álveo; las casas se han desmoronado... era el amago de la confusión, de la no inteligencia...”

Artículo “Cuasi – Pesadilla política”, Mariano José de Larra. 



A veces pienso (que no es poco en estos tiempos) que si mi admirado Larra levantara la cabeza, se pegaría otros dos tiros por esta España aún más mísera y gris que la de sus tiempos. No le faltarían motivos hoy en día a Mariano que no entendería las ajustadas medidas de su tocayo ni de sus acólitos presidentes trajeados. Tampoco dejaría pasar por alto a los socialistas que se empeñan ERE que ERE en contradecir a Pablo Iglesias o a algunos comunistas atorrjiados que cambian los soviets por centollos.

El genio madrileño tendría mucho que escribir contra la corrupción de este Estado regido por el absolutismo de los abstractos mercados encabezados por una teutona prima de riesgo. El ilustre periodista se abrumaría al ver cómo las tijeras de un inválido ministro con nombre de balido hace trizas el sistema educativo, viviría incómodo en un mundo en el que reina lo tangible y el materialismo en contraposición a los valores y a ese romanticismo larriano.



El ilustre periodista criticaría el juancarlismo, ese sistema recalcitrante con reminiscencias feudales de un rey furtivo que sale de cacería de elefantes y a veces de alguna que otra elefanta, un monarca que tiene un nieto bala perdía, un yerno amante del yeso para alicatar sus tabiques nasales y otro duque que llena su palma jugando al talonmano.

Con todo este real panorama, Larra se pegaría otro tiro por España. Al fin y al cabo cambian los tiempos, pero no cambian las personas. 

martes, 17 de abril de 2012

Arcángel: “Las innovaciones siempre tienen que surgir dentro del propio flamenco, de dentro hacia fuera, nunca al revés”

Tras su genial actuación en la octava edición del Festival Flamenco Pa´ Tos celebrado en el Colegio de Médicos de Madrid, Francisco José Arcángel Ramos “Arcángel” habló con Magazine Siglo XXI.

Antonio Alcántara / Madrid

El onubense, que a los diez años ganó el concurso infantil de fandangos de la Peña “La Orden” y en 2002 recibió el premio Giraldillo al mejor intérprete de cante en la Bienal de Sevilla (entre otros reconocimientos), irradia una enorme sencillez, a pesar de que le llueven elogios por todos lados. Arcángel se fuma un cigarrillo durante la entrevista que lo relaja tras el siempre inquietante desafío de enfrentarse a un coso repleto mientras habla sobre su concepción del flamenco y su evolución como artista.

Antes de nada, buenas noches, Arcángel, y enhorabuena por tu maravillosa actuación.

Muchas gracias, hombre. Siempre se agradece que te digan esas cositas.

Acabas de volver a demostrar esta noche que gustas tanto al público más ortodoxo como a neófitos en el flamenco, ¿cuál es tu secreto para conseguirlo?

Bueno, no es nada premeditado, sino que yo intento hacer siempre lo que me gusta y sentirme siempre cómodo. No busco nada de manera pensada, intento dejarme llevar por lo que siento y ya está.

Eres de una tierra con mucha tradición flamenca, pero ¿cómo empezó tu afición por este arte y cuándo decidiste dedicar tu vida al flamenco?

Desde pequeño siempre me ha gustao y este gusto me ha llevado a esto. Empecé divirtiéndome, haciendo cositas, pero como un simple juego. Vas experimentando y llega un punto en el que te van colocando en el sitio. Sí es verdad que hay un momento en que tienes dos opciones: retirarte o seguir adelante. Yo cogí la segunda opción y aquí estoy. 


Arcángel tiene una predilección especial por algunos artistas como Paco Toronjo, ¿hay alguno que te haya marcado especialmente? ¿Intentas crear tu sello propio?

Intento buscar una personalidad, es muy difícil porque siempre hay parecidos con gente. Evidentemente he bebido de todas las fuentes posibles, he escuchado a todos y sigo escuchando porque sigo aprendiendo.

Alguna vez dijiste que el gazpacho es sólo para comerlo, no para el flamenco, ¿sigues pensando lo mismo? ¿Cómo crees que se puede innovar respetando la tradición?

Más que innovar se renueva. Las innovaciones siempre tienen que surgir dentro del propio flamenco, de dentro hacia fuera, nunca al revés. No porque se le agregue al flamenco nuevos elementos se está haciendo algo interesante. Hay veces que sí, pero muchas veces eso no existe. La renovación está en ser fiel a lo que tu piensas, a la forma que tu tienes de pensar y sentir el flamenco, con eso ya uno está poniendo su granito de arena, que no es poco.

¿Por qué decidiste incluir en tus discos cantes tan olvidados como los de trilla?

Es un cante que en la zona de Huelva se hace mucho, a mi me parece muy bonito y me siento muy a gusto cuando lo canto.

Bueno, Arcángel, y hablando de tu trilla, ¿qué habrá sío del Tato, Paco y Elías? (se trata de parte de la letra de una de sus canciones)

(Risas). Eso mismo me pregunto yo, sólo espero que estén bien.

Interpretas muchos cantes, pero ¿en qué palo crees que está el mejor Arcángel?

No te sabría decir, la verdad. Pero, bueno, me siento muy cómodo en los fandangos, pero realmente en todo: seguiriya, soleá, lo mismo me da. La verdad es que todos los cantes me gustan y casi todos tienen algo especial.

¿Cómo definirías tu voz? 
Pues, una voz un poco a la antigua usanza, con velocidad, con un rasgo antiguo que permite meterme en esos cantes. Aunque no me gusta renunciar a nada, por eso hago también cantes modernos.

Tan joven como eres, con muchos premios a la espalda, ¿qué crees que te queda todavía por hacer?

Muchísimo (afirma con rotundidad). Yo creo que todo lo que me queda es aprender a cantar un poquito mejor y conocer muchísimas cosas dentro del flamenco. Y si puedo también, busco forjar una personalidad definida.

lunes, 19 de marzo de 2012

Versos jondos

Emana del alma a borbotones,
quejío de los versos del poeta,
la guitarra con sus bordones
pone magia a una falseta.

Sentimiento universal,
una angustia interior
que sufre para publicar
las penas del corazón.

Un duende que se levanta
porque doblan las campanas,
La Niña de los Peines canta
por seguiriyas en Triana.

Orgasmo por bulerías
en la voz de Caracol;
y el clímax de las alegrías
se alcanza con Pericón.

Vallejo, Mairena, Chacón
Torre, Valderrama y Marchena;
Planeta, Fillo, Tomas Pavón,
Fernanda, Bernarda y Paquera.

Llanto del pueblo en su garganta,
voz fundida en una fragua.
Es el de la Isla quien canta
desde un rincón de su alma.

Artistas de jondo elenco
cantan con buen criterio
destilando gran flamenco
en el café de Silverio.

Seguiriyas y soleares,
granaína y malagueña.
Esta tierra de cantares
canta hasta cuando sueña.

La soleá puebla el colmao,
un pulgar marca el compás,
tocando Manuel Morao
la sonanta rompe a llorar.

Borrachera tengo de arte
que yo ya no me mantengo
flamenco de tanto amarte
de sentirte tanto, flamenco. 


miércoles, 8 de febrero de 2012

Las joyas literarias del flamenco (II)

¿Quién los jueces con pasión,
sin ser ungüento, hace humanos,
pues untándolos las manos
Los ablanda el corazón?
¿Quién gasta su opilación
con oro y no con acero?
El Dinero.

(Francisco de Quevedo)

Retomo la serie que comencé en octubre sobre las joyas literarias del flamenco, las perlas en forma de letras que nos ofrece el arte jondo. Las desigualdades sociales, el poder del dinero y la denuncia de injusticias son tres grandes ejes temáticos que fluyen de la boca de los cantaores como ésta que emanaba de la garganta prodigiosa de El Carbonerillo:

Maldito sea el dinero
y el hombre que lo inventó
que aunque sea usté un caballero
y le sobre razón,
lo que impera es el dinero.


En esta época donde los jueces son juzgados por el pulcro delito de investigar crímenes de guerra, en la que los políticos se hacen trajes con billetes mientras que descosen nuestros bolsillos, en la que socialistas de pacotilla se empeñan ere que ere en simular su lado “progre” cantando la Internacional, donde un conde esconde sus miserias humanas dando lecciones a jornaleros que con el sudor de su frente han regado su fortuna y han tejido los caudales del señorito con los jirones de su piel o en la que un duque llena de jurdeles la palma de su mano. En esta sociedad hay momentos en los que uno piensa como Groucho Marx: “Paren el mundo que yo me bajo”. El flamenco aglutina todas estas sensaciones en sus letras como ésta tan vigente que cantaba el maestro Enrique Morente:


En qué tribunal se ha visto
ni en qué sala ni en qué audiencia
al reo darle por libre
y al libre darle sentencia.

O estas otras:

La mentira y la verdad
se enfrentaron en la Audiencia.
La verdad salió perdiendo
y la mentira ganó.
En el reino no hay gobierno

Mentiras llevan los aires
los aires llevan mentiras
y el que diga que no miente
que diga que no respira.

Reos como Camps campan a sus anchas por la calle o cómplices de asesinato como El Cuco anidan sus miserias en libertad. Mientras tanto, tenemos que contemplar el espectáculo lamentable del juicio a Garzón instigado por el sindicato fascista "Manos Limpias" (que no de sangre). El mundo al revés, el surrealismo llevado a la práctica como diría mi padre. Es indignante ver en el banquillo a un juez, cuyo único delito ha sido intentar cerrar heridas, condenar crímenes de un dictador, dar un entierro digno a las víctimas como se ha hecho en toda Europa, pero desgraciadamente “Spain is different”. Esta otra letra del Bizco Amate también habla de la justicia injusta:

Me lo cogen y me lo prenden
al que roba pa' sus niños
Y al que roba muchos miles
no lo encuentran ni los duendes
ni tampoco los civiles.


Esta “píldora” flamenca también tiene una gran vigencia. En la época donde los miniempleos sirven para engrosar macrosueldos, Morente cantaría:

Yo soy pobre y no me bajo
a ningún arroyo a beber
agua turbia o salobre
aunque me muera de sed.

Finalizo este artículo con esta letra que atormenta el sueño de muchos parados, hipotecados o desahuciados:

Con fatigas me acuesto
con más me levanto
cuando querrá Undebé del cielo
que yo no sufra tanto.

martes, 17 de enero de 2012

El día de los chiscos

Una de las tradiciones que más me apasiona de mi pueblo es la del día de los chiscos, conocida en otros lugares como las hogueras o lumbres de San Antón. Hacía más de una década que no vivía esta jornada y todos sus rituales previos y por eso quizás la hipérbole reine en mis sensaciones. Hoy muchos barrios no han podido prender su cosecha de leña porque han caído lágrimas blancas del cielo (foto 1) creando un albino y maravilloso paisaje en la sierra de Jabalcuz. Sin embargo, la nevazquina ha remitido y la gélida jornada ha dado aún más sentido a la tradicional cita con la candela. 


Me ha encantado contemplar a media tarde cómo unas señoras se calentaban con la quema de unos palés manteniendo así el ceremonial de los chiscos como mandan los torrecampeños cánones. Las he escudriñado intentando buscar su complicidad y gratitud, aunque paradójicamente en sus miradas he podido leer: “Cucha, el forastero éste que no sabe ni que hoy es el día de los chiscos”.

Tampoco niego la bella conmoción que me causó hace unos días ver a un chiquillo arrastrando ramas de olivo por el barrio de la Fuente Nueva. Parecía una hormiga portando una pizca de pan muy superior a su tamaño. Con una sonrisa picarona y aún siendo consciente de que mi coche no arrastra ni una vareta, probó a hacer autostop. Seguí mi ruta pensando en la fugacidad del tiempo, ya que hace prácticamente dos días se invertían los papeles y el que suscribe estaba en el papel del jovenzuelo acarreador. Con tan inquietante y manido pensamiento llegué hasta el barrio donde me crié y allí topé con otro montón de leña (foto 2) que me evocó gratos recuerdos.



Conservo perfectamente en la memoria todo el proceso de búsqueda, recogida, arrastre y amontonamiento de leña, labores que iban al compás del nuevo año. Tras las uvas, los niños sólo pensábamos en San Antón Abad, en la noche en la que se conmemora el patrón del ganado, un día de asueto para los animales y por tanto para sus dueños.

Recuerdo las fatigas para arrastrar los troncos y amontonar la leña, aunque esos duros trabajos se recompensaban la noche del 16 de enero mientras se contemplaba cómo la pira abrasaba un jubilado sofá, el ramón de olivo de la temprana poda o una mesa camilla que nunca más cobijaría una siesta. El premio a tanto esfuerzo, el aguinaldo a muchas horas de vigilancia para proteger la "valíosa" mercancía de otras pandillas, el cobro de una ilusión infantil llegaba esa noche mágica cuando las llamas parecían alcanzar el cielo en la Plaza de San Miguel. Era fantástico observar la fuerza del fuego, de ese bendito elemento que tradicionalmente ha servido para ahuyentar espíritus, combatir plagas o purificar almas. Todo un barrio se aunaba junto a la hoguera en una especie de culto al paganismo con esta antiquísima tradición que se sigue dando en muchos pueblos españoles e incluso en la vesubiana Nápoles, la ciudad más española de Italia.

Esa noche en la que las caras se vislumbraban rojizas en torno al fuego y las miradas 'lechucianas' observaban freírse los chorizos en las ascuas. El vino corría y los vecinos confraternizaban al calor de una hoguera en una sociedad 0.0, no necesitada de WhatsApp ni Facebook. Era una velada animada y fría de invierno que se convertía en un cálido homenaje a la armonía.

Un crepúsculo en el que el cénit de la alegría llegaba cuando las llamas consumían la leña y los más pequeños (los mayores habían ya traicionado a Vulcano con Baco) procedíamos a saltar el chisco poniendo el corolario final a una feliz jornada en la que todos, de una forma u otra, nos íbamos calentitos a la cama.