jueves, 27 de octubre de 2011

Las joyas literarias del flamenco

La humanidad es patrimonio del flamenco”. Esta frase tan precisa la pronunció con su inteligencia habitual y su arte de colocar las palabras a compás el maestro Enrique Morente en plena parafernalia de la candidatura del flamenco para Patrimonio de la Humanidad. No le faltaba razón al genio del Albayzín, ya que el flamenco aglutina todos los sentimientos que puede conocer un ser humano. Desde la pena más honda a la felicidad más inmensa, el corazón puede sonar por seguiriyas o marcar el compás por alegrías. Los quejíos, los taconeos o las falsetas evocan estos sentimientos, pero también las letras son joyas literarias que transmiten una enorme cantidad de sensaciones en pequeñas dosis de versos. En el flamenco se lleva a la práctica esa máxima tan andaluza de decir mucho con pocas palabras. Las letras son fieles reflejos de tantas emociones, situaciones y verdades que pueden llegar a erizar el vello al más 'pintao'.

Y hablando de la verdad, esa “idea que se oculta tras el velo de la apariencia” como diría Platón, hay una letra maravillosa que suele ser cantada por fandangos naturales y que encierra este mensaje tan profundo:

La mentira y el dinero
viven en palacios de lujo
la mentira y el dinero
sin embargo la verdad
se muere en un cuarto mu oscuro
y nadie la quiere escuchar

Esta otra que se hace por martinetes, al compás de la fragua, refleja perfectamente la situación que viven muchos trabajadores en la actualidad. Es el mensaje que más alienta la decisión de hacerse autónomo, ya quisieran muchas cámaras de comercio tener un eslogan tan preciso para fomentar el autoempleo:

Pobre de aquel que come
el pan de manita ajena
siempre pensando en la cara
si la pone mala o buena

Pero las letras del flamenco también son premonitorias. Que no roneen tanto Nokia ni Samsung, ni venga la gente con tantos iPhones y WhatsApp para saber dónde anda su parienta porque eso ya se anunció hace muchos años por bulerías:

Lo digo y lo voy a hacer
un teléfono chiquito
pa saber de tu querer

Jorge Manrique encumbró ese estilema del poder igualatorio de la muerte, esa parca maligna que a todos nos mide con el mismo rasero y que no entiende de diferencias sociales. Esta letra también recoge otro elemento como materia de equidad entre ricos y pobres, entre guapas y menos agradecidas. La copla de siega establece una especie de poder igualatorio de la micción:

Una niña muy bonita
por muy bonita que sea
nunca deja de mojarse
los pelitos cuando mea.

Hay otras menos burdas y con una increíble profundidad. Hasta José Ángel Valente cita esta letra al principio de una obra suya. Por soleá y con la voz de la 'Niña de los Peines' suena para perder el centro:

Fui piera y perdí mi centro
y me arrojaron al mar
y después de tanto tiempo
mi centro vine a encontrar

Los asuntos del querer son muy recurridos también en el flamenco. Esta letra, que aboga por menos papeles y más amor, exacerbaría al cardenalísimo Rouco Valera:

Es la ley que profesamos
tú me quieres y yo te quiero
pero nunca nos casamos

Otras están aliñadas con guasa, ingenio y despecho:

Anda, ve y dile al maestro
que te ha enseñado a querer
que te devuelva el dinero
porque no te ha enseñaíto bien

Comienzo aquí una serie de comentarios de letras que iré desgajando en el futuro con pequeños artículos para mostrar la riqueza literaria del arte jondo.

viernes, 23 de septiembre de 2011

India Martínez: “El flamenco es duende, pasión, la forma más bonita de transmitir algo”

Con gafas de sol a la última, llega acompañada por su padre, Alfonso, que no puede disimular el orgullo que siente por su hija. “Antes la llevaba de la mano yo y ya me lleva ella a mí”, bromea con su acento cordobés. Curiosamente, aunque no de forma deliberada, el  café con India tiene lugar en el Café de Indias, uno de los pocos sitios en el Gran Plaza que ofrece café y tostadas a las once de la mañana.

India edulcora tanto su capuccino como su dulce voz a su público. Habla con deje cordobés, aunque en su adolescencia reconoce que hablaba roquetero. “Yo tengo dos tierras, Almería y Córdoba, ya cuando me preguntan qué me siento digo siempre andaluza”, asegura. Su corazón está bañado por el mar almeriense y el río Guadalquivir, en su alma soplan aires de Poniente y está cincelada por torres coronadas de la ciudad califal (como diría el ilustre cordobés Góngora). Su rostro tiene aires sultanes de aquella Córdoba moruna, su belleza cautivaría al pincel de Julio Romero. Su mirada está iluminada por el sol de su Roquetas, ciudad que ama y a la que ha vuelto en un viaje relámpago para ver a su familia y atender gentilmente a La Voz. Es considerada una de las cantaoras más guapas de la parrilla femenina flamenca, aunque ella responde con una gran humildad “que el físico un día se va y queda lo de dentro” y declara que prefiere más las lisonjas a lo que hace que a su persona. “Lo que más me gustó es cuando me dijeron en Cádiz que era la sirena del cante, me identifico con la sirena porque puedo estar suave como un susurro o salvaje”, espeta India que añade que su vida a veces suena por tonás y otras por alegrías.


                                                      India y su café


La sirena roquetera retorna al pueblo donde ha crecido para impregnarse de cariño familiar y recobrar fuerzas antes de comenzar un duro mes de presentaciones, promoción y lanzamiento de su tercer disco ‘Trece verdades’ que verá la luz el próximo día 27. “Este disco va a incluir cosas que teníamos guardadas en el tintero, he puesto la vida en él, me he sentido mejor que nunca e incluye todas las vertientes que te puedas imaginar”, manifiesta la cantaora. Esta nueva obra comienza con una canción titulada ‘Luna nueva’ que fue el tema que marcó la línea del disco. El disco producido por Sony Music, ecléctico y puro al mismo tiempo, incluye sonidos árabes e hindúes. India es una melómana, una cantaora que de adolescente “lo mismo cantaba una seguiriya que una canción rumana”. Aunque el flamenco es la piedra angular de su vida y de este disco con la inclusión de palos como rumbas y alegrías de Cádiz y Córdoba que albergan una letra en hindú. India se siente cómoda y no lo duda, comienza a tatarear la letra y da una grata sorpresa a los clientes del bar que la observan con admiración y a un servidor que lo agradece con un sincero olé. Está muy satisfecha con sus ‘Trece verdades’, título elegido porque en cada tema se expresa una certeza. “Conseguimos un concepto y una forma de sentirnos bien expresándonos y que nos ha gustado mucho”, asegura India que habla en plural porque incluye a los productores David Santisteban, Ricardo Rivera y composiciones de David de María.


Martínez está muy ilusionada con el lanzamiento de esta nueva obra que es un claro reflejo de su personalidad. “Este disco es más yo, lo que soy, todo ha girado en torno a mí porque en mis otros dos discos tenía mucho en cuenta a los productores, pero en éste  he hecho lo que a mí me gusta y lo que yo quiero dar de mí para expresarme y entregarme al máximo y que la gente tenga un concepto real de lo que soy”, asevera. A India le encantaría presentar su próxima obra en Roquetas de Mar donde lleva ya varios años sin actuar a pesar de que pasea su nombre por todo el mundo. Recuerda con emoción cuando comenzó a cantar por el puerto roquetero, en aquellos tiempos en los que era conocida como ‘La Niña del Puerto’. Esa época en la que se sentía un “bichillo raro en el instituto porque a mis amigas no les gustaba el flamenco, ellas escuchaban a los Backstreet Boys y yo a la Niña de las Peines y Tomás Pavón”. Apasionada de Camarón, y admiradora de Niña Pastori, con la que ha compartido escenario, siempre ha llevado el flamenco por bandera y cree en ese ser mágico llamado duende. “El flamenco es el idioma universal, pasión, expresión en puro estado, la forma más bonita de decir algo y cuando se alcanza el duende eso no tiene nombre, es el mejor sueño”, apostilla.


A estos tiempos de crisis que corren, le cantaría una letra de su single ‘Vencer al amor’, con mucho mensaje: “Camino, camino, pero no levanto el vuelo, levanto un castillo de ilusiones y sueños”. El cante de India Martínez seguirá caminando por el sendero del arte  y los meandros de su alma.

India Martínez
Nace en Córdoba en 1985. A los 11 años se traslada a Roquetas donde vive hasta los 22  cuando se muda a Sevilla para continuar su carrera artística. En 1998 llega a la final del concurso infantil televisivo ‘Veo, Veo’. En 2003 publica su primer disco ‘Azulejos de lunares’. Seis años después saca su segundo disco ‘Despertar’. Es del Real Madrid y una apasionada del dibujo, de la capoeira y adora los cars. Ha sido imagen publicitaria del vino La Ina. “Fíjate, Antonio, qué alegría, últimamente en vez de autógrafos firmo botellas”, concluye con gracia.

martes, 13 de septiembre de 2011

El rey nazarí del flamenco

Hoy se cumplen nueve meses de la muerte del maestro Enrique Morente y me he querido dar el homenaje de escuchar una grabación suya que guardo como oro en paño de una actuación en el Colegio de Médicos de Madrid. Rindo de nuevo un tributo al maestro con el artículo que publiqué el día después de su aciago adiós. 


El rey nazarí del flamenco (13-12-10)


La Alhambra, esa que soñó Morente, ha amanecido cubierta por un manto negro, afligida por la marcha del maestro granadino. La Virgen de las Angustias llora por granaínas, el flamenco canta hoy por seguiriyas sumido en una pena inmensa, profiere un grito desgarrador, inmerso en una profunda desazón por el adiós de un genio, un artista mayúsculo desde la alfa a la omega que ha aportado (me cuesta todavía escribir en pasado) una renovación importantísima al flamenco y a la cultura andaluza.

Las cuerdas de la guitarra de Tomatito vierten lágrimas negras, Pepe Habichuela rasguea con rabia su guitarra y las falsetas de la sonanta de Riqueni rebosan tristeza porque ya no escucharán esa voz tan flamenca que reinventaba de forma ortodoxa el cante en cada momento. En cambio, en el cielo están de fiesta Don Antonio Chacón, Pepe de la Matrona, Juan Talega, Rafael Romero ‘El Gallina’ y Camarón (gran admirador de Morente) para recibir a compás a ese gran adalid del flamenco que ha dejado huérfana a su parroquia de seguidores y a todos los amantes de este arte que él como nadie ha contribuido a hacerlo universal.



                                                              Foto: Fran Leonardo

Un cantaor ecléctico y puro, vestido con piel de artista y que destilaba arte sin que la vanidad se apoderara de su persona. Aún recuerdo cuando lo conocí tras una actuación en el Teatro Albéniz de Madrid, un recital junto a Pepe Habichuela que guardaré para siempre en un lugar privilegiado del baúl de mi memoria. Fue la primera vez que tuve la oportunidad de dialogar con el Maestro del Albayzín que irradiaba sabiduría y sencillez. 

Ayer por la tarde cuando se constató su adiós, me acordé de esa noche en el Bar de ‘Las Negris’, del abrazo sincero que me dio y de esa charla que me permitió acercarme a una de las personas que más me han hecho vibrar con el flamenco. Un nudo ata mi garganta mientras escribo, me pasan por la cabeza miles de anécdotas, sus sabias palabras, su eco rajao y su inmenso abanico de cantes. La tierra se abre de pena por la marcha de un cantaor que deja un legado inmenso a los amantes del flamenco, pero Morente seguirá vivo mientras exista la sensibilidad y la Alhambra porque su cante se impregnó para siempre en sus muros como en cada poro de nuestras almas.


Soleá del maestro con Pepe Habichuela


http://www.youtube.com/watch?v=ncgvdoL6xno

lunes, 5 de septiembre de 2011

Sonia Miranda: "En mi vida se canta por alegrías y espero que siga sonando el tirititrán”


Llega puntual, a compás y flamenca con su pañuelo de lunares para taparse la garganta porque hay que cuidar la voz que es su instrumento de trabajo. La cita es en Casa Joaquín, un bar ubicado en los albores de la calle Real, un auténtico emblema para los flamencos. Tío Sordera, su sobrino José Mercé, Juan Habichuela o Pansequito han degustado sus tapas. Incluso hay una anécdota del gran Moraíto Chico (que en gloria esté) que tras jamarse un gallopedro exclamó con esa gracia con la que estaba tocado: “Estaba pa acostarse con él”.
Reciben a Sonia como una parroquiana fiel de este pequeño templo flamenco. Antes de sentarse ya tiene su tapa de huevos revueltos y su cerveza. “Voy a aprovechar ahora que antes de cantar no bebo porque se me olvidan las letras”, afirma mientras sonríe. “Tomad unos higaditos de rape. Apunta periodista”, interrumpe con gracia Joaquín.


                                             Foto: Juan Sánchez

Miranda es un paradigma de mujer andaluza, parece extraída de un cuadro de Julio Romero de Torres. Es una apasionada de los toros y una faena bien hecha le pone el vello de punta. Asegura que al cante también hay que cogerlo por los cuernos “porque está todo el mundo pendiente de tí”.

Habla bajito con su voz almibarada, templada como la soleá, acepta su timidez que sólo se disipa cuando sube al tablao. Una vez sobre el escenario lo da todo “ya sea en la peña más pequeña o en el auditorio más impresionante, hay que saber torear en todas las plazas”. En la ducha no canta flamenco, sólo por Jorge Drexler o Caetano Veloso. Su vida suena por alegrías porque vive un “buen momento familiar y profesional y espero que siga sonando el tirititrán y el lereleré”. A sus dos niños de siete y cuatro años no les gusta el ‘falenco’ (como ellos dicen). “Desde chicos les decía que me iba al médico y cuando descubrieron que iba a actuar ya no les gusta porque los dejaba siempre solos”, asevera.
Valora mucho la compenetración con el tocaor, ese diálogo entre la sonanta y la voz. Cree en el duende, en ese poder misterioso que definió Lorca a la perfección, esa magia que sube hasta la garganta por dentro desde la planta de los pies. “Se produce cuando el guitarrista y el cantaor son una persona y la gente lo está sintiendo, es un momento de gozo que no se puede explicar. Ahí se puede decir que ha llegado el duende o un hada madrina”, expresa con salero.

Su cante ha madurado como el buen vino y ha adquirido ese poso de conocimiento que aporta el paso del tiempo. “Ahora sé lo que quiero, antes cantaba todo lo que escuchaba y ahora creo que tengo mi propio estilo, no quiero asemejarme a nadie aunque algo me pareceré a los antiguos”, espeta. Ha bebido de fuentes magníficas y diversas como la Niña de los Peines, Tomás Pavón, Caracol, Fernanda y Bernarda, Juan Varea o el Niño Barbate. Ella también enseña flamenco y se siente orgullosa de transmitir este arte en el Conservatorio de Almería y en la Escuela de Música de Roquetas.

Está elaborando a fuego lento su segundo disco que verá la luz pronto y tendrá como ingredientes seguiriyas, tientos, serranas, bulerías, soleá por bulerías y cantiñas. En su segundo ‘garabato’ colaborarán José Antonio Rodríguez, Miguel Ángel Cortés, José María Molero, Francis Hernández y Antonio Luis López, a la guitarra; Tomás Santiago, al bajo; Ezequiel, al contrabajo; Octavio, al chelo; Sergio Monroy al piano e Isabel Guirado pondrá los pies al baile.

A estos tiempos que corren con la crisis por bandera, Sonia lecantaría por soleá con la letra que hacía Fernanda: “Estás como las gallinas / tú no parabas de escarbar / y echarte la tierra encima”. De hecho, la regala a los aficionados de ‘Casa Joaquín’, despacito y a compás. Ole, Sonia y como dicen los flamencos: a seguir echándole papas.


martes, 30 de agosto de 2011

Rancapino: "El flamenco sin pellizco es como un potaje sin sal"

Cantaor de raza, con una voz y jondura flamenca envidiables. Esta es la tarjeta de presentación de Alonso Núñez, Rancapino (Chiclana de la Frontera, 1945). Iniciado junto a Camarón en la Venta Vargas, detractor del flamenco fusión, el Robert Redford de África (como lo llama con esa gracia gaditana su amigo Chano Lobato) es un emblema del cante flamenco del siglo XX.

Alonso, de nuevo en Almería y en la Peña El Taranto, entidad de la que posee un importante galardón como el premio Lucas López, ¿cómo se siente al volver a esta tierra?
Como si estuviera en mi casa de bien, venir a Almería a cantar y al mismo tiempo saludar a los buenos amigos es un orgullo. Además, es una tierra de mucha solera y de muy buenos aficionados al flamenco. Yo hice aquí la mili en 1966 en Viator, y cuando tenía días libres,me iba a la venta de Manolo Manzanilla allí en El Zapillo.Era como una sala de fiestas y allí se hacía flamenco. Recuerdo cómo canté allí con la Perlita de Huelva.

¿Cómo ve la situación del flamenco en la provincia?
Muy bien. Éste es uno de los sitios donde más se preocupan porque salgan nuevos valores y tienen muy buena atención con los cantaores que venimos aquí y nos dan mucho ánimo. Almería es una tierra muy buena.

Una vez estaba usted contratado para actuar aquí, pero no pudo presentarse porque un compadre suyo le pidió que cantase para un amigo que había venido de América, ¿quiénes son los personajes de esta historia?
Esta historia es verídica. Se trata de mi compadre Felipe González, que además junto con Carmen Romero, bautizó a mis niños. Pues esta vez, me llamó para ir a Huelva porque había venido Gabriel García Márquez y quería Felipe que yo le cantara para que el escritor escuchase flamenco.




¿Recuerda alguna anécdota más?
Una vez me llamaron para cantar en Carmona y me contrató el concejal de Cultura de allí y cuando me escuchó cantar con mi voz flamenca, decía que no me pagaba porque yo estaba ronco. Y entonces yo le dije que yo no era cantante de ópera, sino cantaor y que el flamenco es así.

Usted que conoce el flamenco que se hacía antes, ¿qué cosas cree que han
cambiado en este arte?
El flamenco lo han desvirtuado, para bien no ha mejorado nada. Lo que se escucha hoy no es flamenco ni tiene por qué llamarse flamenco. Muchos jóvenes que hay en la actualidad no distinguen el flamenco. No tienen ni
idea de lo que es porque como las criaturas no lo han vivido, están vacíos.

Compartió muchos momentos con Camarón, ¿qué recuerdos tiene de él?
De Camarón, todos. Toda la vida estuvimos juntos, yo lo casé a él.
No quiero hablar mucho de él porque tengo muchos recuerdos y era como un hermano para mí. No quiero que piense la gente que me quiero aprovechar del nombre de Camarón. José Monge Cruz aportó mucho al flamenco.

¿El flamenco es pura inspiración?
El flamenco tiene que pegar pellizco, es necesario que conmueva. Si no pasa eso, amigo mío, es como un torero que está vacío o un potaje sin sal.

jueves, 11 de agosto de 2011

'Moraíto' ya rasguea en el cielo

Las campanas que Moraíto escuchaba cada mañana en la jerezana Iglesia de Santiago doblan hoy por seguiriyas por la muerte de uno de sus paisanos más ilustres y que más flamenco ha destilado por todo el mundo. Manuel Moreno Junquera, 'Moraíto Chico', era un guitarrista grande sobre el tablao y sobre el tablero de la vida. Poseía esa gracia telúrica jerezana, tenía arte a raudales. En una entrevista recuerdo que, hablando de fútbol, me confesó salpicado de arte: “Sí, pisha, soy del Atlético. Algún defecto tenía que tener”. Rebosaba humildad y derrochaba flamencura. Heredó ese 'pedigrí' lleno de enjundia de los 'Morao', fue el eslabón continuador de su arte y se ha encargado de transmitirlo a su hijo Diego del Morao, uno de los jóvenes con más presente y futuro del flamenco.

                                                            Foto: Javier Alonso
La guitarra era su vida, “su mujer y su amante” desde que la conoció y supo mimarla y hacerla más grande. Dominaba el pulgar de maravilla y era capaz de ejecutar desde las falsetas más rítmicas a las más 'templás'. Debutó en Madrid en 'Los Canasteros' a los quince años tocándole a su paisana 'La Paquera'. Ha sido el fiel escudero de José Mercé durante más de veinte años aportando aún más aire flamenco al cantaor jerezano y creando una dupla mágica.


La afición almeriense admiraba y quería a este tocaor y tuvo la suerte de escucharlo durante muchos recitales. Este año tenía que volver en unos días junto a Mercé a alegrar con sus falsetas la Plaza Vieja y poner 'moraos' de arte a sus seguidores urcitanos. No podrá ser porque un cáncer de pulmón ha podido con él, pero no con su arte que es eterno. 'Morao' nos deja a poco más de un mes de cumplir los 55 años y ya está rasgueando en el cielo junto a sus grandes amigos Camarón, Tío Sordera o Fernando Terremoto. El arte jondo se salió ayer de compás porque con Morao se va un puntal de la guitarra, un artista que desayunaba y cenaba flamenco, un guardián de la pureza flamenca. Que Undebel te tenga en gloria, maestro. 

lunes, 25 de julio de 2011

La ópera prima de una gran persona

Mi gran amigo Antonio Muñoz ya tiene en la calle su primera novela: 'La coyuntura del odio'. Es una inmensa satisfacción para él y para todos los que lo queremos porque acaba de superar una leucemia con una entereza envidiable, un gran estoicismo y con raudales de optimismo como sus mejores medicinas. Quien desee adquirirlo puede hacerlo a través de mí con sólo mandarme un email. El precio no es superior a lo que cuestan dos cubatas de garrafón en cualquier pub. Espero que lo compren porque se divertirán y premiarán el esfuerzo de una persona que ha puesto toda su alma durante años en una novela que ahora ve la luz. He tenido el honor de hacer el prólogo que les reproduzco a continuación:

Lo conocí en Florencia. Posiblemente no haya un marco mejor para forjar una gran amistad. La gran cúpula de Brunelleschi fue testigo de nuestros paseos en bici por las calles de tan venusta ciudad y escuchó, altiva, nuestros diálogos sobre lo que era el boceto de este libro que ustedes acaban de abrir. En cualquier detalle nimio de la realidad que pasa desapercibido para mentes menos lúcidas, Antonio captaba la grandeza de un instante. Me asombró su capacidad de observación, su interés por cuestionarse el porqué de las cosas, su análisis profundo de cualquier situación alejándose de posturas triviales y pensamientos austeros. Ya en ese momento creía firmemente en este proyecto que ahora ve la luz, bajo el título 'La coyuntura del odio'. “Esto lo voy a meter en mi libro”, repetía Muñoz cada vez que quedaba impactado por una historia, un paisaje conmovedor, un personaje real con tintes ficticios, la mirada de unos ojos negros de una bella damisela e incluso una palabra que sonase en italiano cual si saliera de la boca de un ángel.

                                   Cubierta completa del libro
                                             
La ciudad del Arno es sin duda un lugar idóneo para hablar sobre literatura. Ahí puede que se concibiera el tinte dantesco del inicio de 'La coyuntura' donde el protagonista Samuel desciende al infierno y lo recorre, aun sin la grata compañía de Virgilio y Dante. A los pies de la estatua de Alighieri en la mística Plaza de la Santa Croce, frente a la iglesia homónima donde yacen eternamente genios de la talla de Galileo, Miguel Ángel, Vasari, Ghiberti o Maquiavelo, las palabras se tornan mágicas y llenas de sentido. Allí me contagió su pasión por esta obra que meses más tarde tuve el placer de leer ávidamente y que ahora tienen ustedes en sus manos para gozar de su lectura.

Francisco Umbral dijo que “escribir es la manera más profunda de leer la vida”. Antonio suscribe las palabras del escritor madrileño y cogió pluma y tintero para crear esta 'Coyuntura' que es un reflejo de la esencia e identidad de Muñoz y de sus inquietudes más profundas. En este libro desdeña el machismo, sale en defensa de la naturaleza, critica las injusticias de este 'inmundo' y hasta llega a mofarse de la absurdidad tan cotidianamente humana adquiriendo la obra ciertos matices y tintes kafkianos.

'La coyuntura' es una caja de sorpresas y una fiel constatación del interés por aprender de su autor, de esa inquietud voraz por demostrar que el conocimiento es ilimitado, de un espíritu vivo y que se siente partícipe y protagonista del mundo que le rodea. Una novela que plasma el carácter de Antonio Muñoz: apasionado de la política concebida de forma aristotélica, un auténtico animal social, una mente tan inquieta como abierta, un urcitano tan universal como aferrado a su Plaza Pavía. Un buen amigo que sabe escuchar y guarda conversaciones enteras en el baúl más recóndito de su memoria y las saca a relucir aquí donde reproduce muchos de esos chascarrillos.

Este libro está cosido con un amor más firme que coyuntural por los hilos de sus sentimientos, tejido por la personalidad, las preocupaciones, miedos e impresiones de Antonio Muñoz. Una ópera prima de un escritor novel que ha puesto su alma en cada poro de estas páginas. Disfrútenla.