martes, 28 de enero de 2014

Le grand Porrina

Dicen que los genios son inmortales y en la capital pacense hay un gitano sempiterno, un artista afincado en el marquesado del arte que pervive en los anales de la historia flamenca: José Salazar Molina, 'Porrina de Badajoz'. Ese recuerdo imborrable del maestro de la Plaza Alta cristalizó la semana pasada en el 24 Festival Flamenco de la ciudad francesa de Nimes donde se rememoró la figura del gran gitano y de Badajoz como él tan bien cantaba en su fandango por antonomasia. Esas dos palabras son las constantes vitales del maestro de la Plaza Alta, "el amor a su pueblo y a su raza" como aseveró Paco Zambrano, director del Centro Extremeño del Flamenco. El biógrafo del marqués destacó en su ilustrativa conferencia los claroscuros del cante de Porrina, tan virtuosos como los de su paisano Zurbarán en la pintura. Habló de la voz de caramelo del pacense y dijo que tenía el mejor bajo en la historia del flamenco, pero dejó claro que no era su opinión sino la de Manuel Vallejo, segunda Llave de Oro del Cante. Junto a Zambrano estuvo María Escobar, hija de Porrina y Ramón El Portugués, yerno y sobrino del dandi flamenco.

Y ya por la noche la venusta ciudad provenzal se impregnó de jaleos y tangos con el espectáculo 'Extremadura rinde homenaje a Porrina de Badajoz' realizado con motivo del 90 aniversario del nacimiento de un cantaor emblema de la región. Flamenco con sello extremeño, con pedigrí de la Plaza Alta y emoción a raudales la que vivieron las más de 600 personas, con un tremendo amor y respeto por el arte jondo, que llenaron el teatro Bernardette Lafonte. Chaqueta blanca con clavel rojo en la solapa sobre una silla y su fandango emblemático sonando. Así empezó el espectáculo y con el cante por tonás de Pilar 'La Ratita' que continuó por malagueñas y conmovió al respetable por seguiriyas. El Chulo, bisnieto de Porrina, se templó con su precioso metal de voz por soleá que tornó en bulerías y la esencia llegó con Josefa 'La Negra', hija de Porrina, cuyos tangos y jaleos cautivaron al público nimeño. Una voz con sabor a un buen vino añejo, cante reposado y telúrico, flamenco sin artificios nacido de las entrañas del sentimiento.
Guadiana, que atesora una jondura envidiable, bordó la soleá y pellizcó por cantes de las minas, animó el teatro por tangos y le imprimió su rajo flamenco a su preciosa versión de la canción de Georges Moustaki 'El extranjero'. Miguel y Juan Vargas acariciaron sus guitarras de las que salen sonidos tan puros como preciosos. Tamara Silva, bisnieta del Porra, a las palmas y el adalid del ritmo Sabú Suárez a la percusión marcaron el compás al baile de El Peregrino, sembrado de arte con sus patás por bulerías. Fin de fiestas con otra pataíta de Ramón El Portugués y ovación de gala para este espectáculo con olor a la Plaza Alta. Unos aplausos que no sólo premiaron la gran actuación de los extremeños sino que sirvieron para honrar la memoria de un puntal del flamenco, de un cantaor al que las parcas nos robaron muy temprano, en 1977, pero que sigue muy presente porque el legado de 'le grand' Porrina es eterno.
Artículo publicado en El Periódico Extremadura: http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/escenarios/antonio-alcantara-grand-porrina_782670.html


lunes, 23 de septiembre de 2013

Amor de madre

Los hay desde las más impensables figuras como una máquina de coser en la espalda hasta los más 'freaks' como el logo de la película de Jurassic Park. Pero el primer tatuaje que conservo en el baúl de mi memoria es ese lema universal: 'Amor de madre'. En un antebrazo curtido y enrojecido por la canícula, ese austero gráfico confería dureza y más si se había hecho en la mili con aguja y tinta china. También recuerdo el ancla tatuada en el brazo de Popeye. Este símbolo, no sólo lo llevaba este devorador de espinacas, sino el 90% de los marineros con un objetivo utilitario: identificar a un marino ahogado. Otros se lo hacían por la esperanza de permanecer anclados a la vida. Pero eran otros tiempos en los que el tatuaje estaba asociado a las clases más desfavorecidas y en las que la tinta china nos sonaba tan lejana como su adjetivo oriental.

El contexto social es diferente y las marcas sobre la piel han dejado de ser peyorativas. De hecho, una de cada diez personas lleva alguno. Y en la moda del culto epidérmico prima más el amor al hijo que a la madre. Angelina Jolie tiene un recuerdo de sus niños así como Beckham que suma 32 tatuajes. Y es que los futbolistas son muy aficionados a bordarse la piel de grafías. De hecho, algunos entrenadores le piden tantos goles por temporada como tatuajes tienen en su cuerpo.
Otros optan por tintarse el nombre de su amada y hay casos en los que meses después les gustaría hacer una mitosis con su brazo por adúlteras causas. A otros, como decía esa canción de los Mojinos Escozíos, les falta espacio por tanto afán de plagarse de inscripciones, con tantos dibujos que parecen ofidios con patas. Aunque cada uno es libre de hacer lo que le plazca con la república independiente de su pellejo. Los hay también sensuales e incluso deseados como el 'Lucky You' del costado de Scarlett Johansson, aficionada a los tatuajes tan raros como el nombre de su tatuador, el envidiado Fuzi Uvptk. Y no me pidan jamás que pronuncie ese apellido porque antes me tatúo 'Amor de madre' en la tabla del pecho; aunque el amor a una madre ya va tatuado en el alma.
**Artículo publicado en El Periódico Extremadura: 

lunes, 17 de junio de 2013

Alfonso Parras: el pintor de la luz

(Reproduzco una entrevista realizada en 2001 cuando aún era más neófito en este mundo del periodismo. Entrevista que fue publicada en Nuevo Camino Viejo en marzo de 2002 como homenaje a Alfonso Parras que nos dejó la semana pasada, aunque la eterna luz de sus cuadros sigue impregnando nuestros paisajes).

Noche fría de diciembre en Megatín, en la casa de un señor bajito, que pasea por su casa con bata, un tipo simpático y con pelo blanco alborotado: Alfonso Parras. Por sus formas sencillas y llanas parece más un humilde campesino que un artista de su categoría. Se siente orgulloso de su casa decorada con preciosas plantas y donde no faltan sus estupendos cuadros. Su estudio desprende un olor característico a pintura y madera. Entre lienzos y bocetos, Parras disfruta hablando de pintura y de su pueblo: Torredelcampo. Posee sentido del humor y entre tapa y tapa, cuenta curiosas anécdotas. A pesar de haber llegado alto, conserva una humildad férrea. Alfonso Parras puede presumir de muchos reconocimientos: Premio Nacional de Pintura en 1959, considerado como el pintor más representativo de la escuela paisajística jiennense por la crítica nacional, en 1982 le fue concedido el “Olivo de Oro” de la ciudad de Jaén, la Gran Enciclopedia de Andalucía le dedica una página, una calle lleva su nombre en Torredelcampo de la que, a pesar de no ser muy conocida, se siente orgulloso “porque la mitad está construida y la otra parte es paisaje”. Ha paseado su arte por todo el mundo y se ha formado en escuelas tan prestigiosas como Roma o París, pero Alfonso no se afana en su propio espejo, sino que camina hacia delante con gran entusiasmo y grandes propósitos disfrutando con lo que más le gusta: pintar.
-         ¿Qué sentimientos, sensaciones o recuerdos experimenta cuando pinta?

Cuando estoy pintando es cuando verdaderamente disfruto. Mi trabajo, al ser creativo, me ilusiona y con él transmito mis sentimientos. Cuando termino un cuadro probablemente deja de tener interés para mí y pienso en hacer otro. Cuando tengo alguna idea en mi mente me busco una tela grande y empiezo a darle manchas de color sobre el lienzo blanco, ya con una intención: buscar la perspectiva aérea. Mi pintura está basada en la luz y en la atmósfera.

-          A lo largo de la historia se han dado muchas definiciones de arte, ¿cómo lo definiría?

El arte es una cosa especial, un don que da Dios, algo que no se puede aprender en la universidad.

-          En su obra hay mucha predilección por los paisajes andaluces, ¿qué encuentra en ellos que le motive especialmente?

La luz de Andalucía y del Mediterráneo es una maravilla. Bajo mi punto de vista en Jaén, en la Alpujarra granadina y Almería se encuentran los pueblos más bonitos de Andalucía con esas tierras tan abigarradas. Al entrar en Jaén cambia la luz. Si vienes desde Córdoba te encuentras con pueblos maravillosos como Alcaudete o Martos. Si, en cambio, entras por Granada está Cambil, Pegalajar, La Guardia y si lo haces por Albacete disfrutas viendo la sierra de Cazorla, Segura y Las Villas. Un paisaje árido y fuerte del que también me he enamorado, debido al contraste tan enorme que presenta, es el de Canarias.
                                  

                                         Alfonso Parras: autorretrato.
-          ¿A qué dedica su tiempo libre?

A la familia y a viajar. También bajo a mi pueblo a ver mis amigos y a beberme mi vinillo (comenta entre risas).

-         Sus lienzos transmiten alegría y vivacidad, ¿son un reflejo de su personalidad?

En la pintura sí. Aunque todavía me cabreo cuando hay algo que no me sale bien.

-         ¿Recuerda alguna anécdota graciosa en su carrera?

Recuerdo dos relacionadas con Torredelcampo. Después de muchísimos años, llego al pueblo y voy a la casa de “Callandico” y me dice: “Alfonsito, ¿todavía sigues con los dibujitos?”. Otra me pasó con Joselón “el Herrero”. Yo no paraba de decirle que a ver cuándo me iba a poner una valla, pero no me hacía caso. Hasta que un día me dijo: “Yo en el verano estoy muy ocupado y no voy a subir al Cagatín pa eso y tú en el invierno te vas por ahí con la mierda de los cuadros”.

-         ¿Con qué corriente pictórica se siente más identificado?

Soy un pintor muy personal y no dependo de los demás. Nunca he querido hacer lo que el otro hace. Soy un pintor impresionista, pero con mi estilo propio, con el que más me identificado es con Alfonso Parras. Hay movimientos pictóricos y pintores que me gustan más que otros. Me encanta el impresionismo español, sobre todo Sorolla. Yo he estudiado toda la historia del arte desde los primitivos italianos hasta los impresionistas.

-           ¿Tiene predilección por algún cuadro que haya pintado?

No tengo especial predilección por ninguno. Todos son hijos míos y de unos tengo mejores recuerdos que otros. Mi pintura no es un cuadro, es un conjunto, una trayectoria. No me baso en una obra, una es continuación de otra.

-         Ha viajado por muchos países y ha conocido culturas diferentes, ¿qué piensa de la situación actual del mundo?

El otro día comentaba con un señor: “O el mundo se ha vuelto loco o el loco soy yo”. No entiendo este mundo tan violento, ni a Bin Laden ni a Bush que se está vengando ahora. Tampoco comprendo a ETA. Yo me mantengo al margen de todo eso, no pertenezco a ningún partido político. Soy católico, pero sobre todo soy torrecampeño.

-         Y hablando del pueblo, ¿qué es lo que más le gusta de Torredelcampo?

Me encanta el paisaje con ese mar de olivas que tenemos, aunque me gusta más el paisanaje, el carácter de su gente.

-         ¿Cree que es profeta en su tierra?
No (rotundo). Están reclamando hacerme un homenaje en Granada y me han dedicado dos páginas enteras en mi última exposición en la ciudad de la Alhambra. En cambio, en Jaén nada. Es que como hay tan grandes artistas, puede que yo no lo sea tanto (comenta con ironía). Yo he creado la escuela de paisajismo jiennense que es mía y de mi pueblo.
Ojalá nos siga iluminando con la luz de su pintura durante mucho tiempo.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Un puchero con aliño flamenco

“Qué buena está mucha carne con tomate y papitas aliñás”. Esta letra flamenca que interpreta por bulerías Luis “El Zambo” es una muestra de la simbiosis que existe entre flamenco y gastronomía. Eso de que los flamencos no comen, es un mito de los muchos que imperan en el reino del arte jondo. Recuerdo una anécdota con el maestro Enrique Morente, que tras actuar en el Festival de Almería me concedió una entrevista, cuatro meses antes de su aciago adiós. Le pregunté qué le quedaba por conseguir en ese momento después de una vida dedicada al flamenco y tras haber recibido todo tipo de reconocimientos. Me contestó, con su habitual ingenio: “Ahora mismo, una Cruzcampo bien fresquita y unas gambas de Garrucha”.

Además de estas apetitosas anécdotas, no hay nada más que mirar a los nombres de los cantaores para desmontar esa teoría: Camarón, Salmonete, Cigala, Torta, Chocolate, Tomatito, Potito, Pansequito, Madalena... Precisamente, con este último, con el gran cantaor pacense compartí ayer una tarde flamenco-gastronómica, una garbanzada, en el complejo Alcántara de Badajoz. Una gratísima jornada organizada por la Asociación de Arte Flamenco de Badajoz, comandada por Celestino Vegas al que por cierto agradezco su buen trato. Acudí con mucha hambre de buen flamenco acompañado por Manuel Merino, mi compañero de la SER, y en la que compartimos mesa con un cabal, el señor Martín, que nos contó anécdotas de cuando el “Porra” cantaba pa rabiar por seguiriyas en El Sótano cuando daban en el reloj las tres de la mañana.

            Con los compañeros Laura Zahínos y Lolo Merino
                             y el aficionado cabal, Juan Martín

Entre historia, letras y algún que otro canturreo también hubo tiempo para los sabrosos garbanzos que estaban para acostarse con ellos. Tras ese buen sabor de boca que dejó el puchero, aliñamos la tarde con el cante de las cordobesas Lucía Leiva y Gema Cumplido que con sus alegrías, tientos-tangos y sobre todo, campanilleros del Torre y villancicos flamencos trajeron sabor navideño a la sala.


                     El Viejino derrochó arte sobre las tablas

Después se formó la fiesta en el tablao, con el baile enérgico de Jesús Ortega, con la constatación de una jonda promesa llamada Celia Romero, con una perla bulearera de “El Viejino” que, si me permiten esta antítesis, se acordó del Bambino de Utrera. Alejandro Vega y el Madalena pusieron su arte al servicio de unos jaleos “made in Extremadura”, Paulo demostró su tronío y la Caíta desgarró su garganta cantando con la gran sonanta de Niño Seve al siete por medio, “por ahí cantaba Beethoven”, apostilló con gracia.

Una gran tarde flamenca en la que hasta los garbanzos jalearon al arte que se destiló en el recinto pacense.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

“Fraga me censuró más que Franco, pero no tuvo cojones de tocarme ni de meterme en la cárcel”


Manuel Gerena derrocha sinceridad y continúa sin callarse las injusticias de este mundo. Arrastrado por los vientos del pueblo, elevó su voz prohibida contra el franquismo y hoy reivindica un reparto más equitativo y justo entre los artistas flamencos de las ayudas de la Consejería de Cultura. Mantiene la cabeza alta, como su puño, y recuerda las cortapisas del régimen franquista por su cante protesta. Presume de tener 6 libros de poemas escritos, 34 discos grabados y 3.000 conciertos “en el pellejo”. Amigo íntimo de Rafael Alberti, el cantautor flamenco continúa haciendo nueva al son del viejo cante.

 - ¿Siguen vigentes las protestas que realizaba hace cuarenta años?

Desgraciadamente sí. Cualquier disco mío antiguo que peleó con el pecho descubierto contra Franco continúa vigente porque ya no está el caudillo, pero son temas que siguen sonando contra los miles de caciques que hay en cada rincón de nuestro país que abusan de su poder desde su silloncillo y juegan con ese gran desigualdad que teníamos en la época de Franco.

- ¿Quién ha puesto más trabas a su cante?

Curiosamente estando Fraga de ministro del Interior en 1976 me prohibió más que Franco. Me mandó una carta personal a mi casa diciéndome que me iba a devolver el pasaporte y mi mujer me lo llevó a las mazmorras de la Gavidia en Sevilla porque estaba allí detenido durante 72 horas porque había cantado por cojones para miles de personas con un megáfono a las puertas del Teatro Lope de Vega ya que teníamos 10.000 entradas vendidas. No tenían cojones de tocarme y no se atrevían a meterme en la cárcel porque se agolpaba la gente en la puerta de la comisaría. De eso nos valíamos.


                           Gerena, la voz prohibida como dijo Bohórquez

- Su última queja es contra la Agencia del Flamenco porque según usted otorga las ayudas siempre a los mimos, ¿en qué consiste ese manifiesto de la Asociación de Artistas Flamencos?

Es un escrito que hemos elaborado un grupo de amigos que estamos con un gran descontento porque las ayudas siempre se las dan a los mismos. Yo he peleado por otras democracias, no por ésta, en una democracia en la que estamos, lo que precisamente tiene que prevalecer es la igualdad. No ocurre así y hemos hecho un manifiesto que ha firmado muchos artistas y miles de personas que apoyan la causa. La Agencia se ha equivocado totalmente porque se le está cayendo todo este asunto y es una vergüenza que sea a través de un partido llamado de izquierdas.

- ¿Cree que deberían más letras comprometidas en el flamenco y no repetir siempre las mismas? ¿Falta protesta en el cante?

Un compañero tuyo me dijo una vez que la pena más grande es que no hay “nuevos Gerenas”. No porque dijera que yo soy un fenómeno, sino porque lo que toda mi vida he hecho ha sido escribir para cantar y hacer nueva palabra al son del viejo cante. La gente está encasillada en los textos antiguos, que está muy que se haga toda la raíz del cante de ayer para que no se pierda, pero es importante cambiarle la palabra cada vez que se pueda.

- ¿Falta personalidad e innovación en los jóvenes artistas?

La gente joven tendría que dedicarse más a hacer cosas nuevas, pero muchas veces la culpa no la tienen ellos porque en los concursos los obligan a hacer los cantes igual que Tomás Pavón y eso es lo que yo llamo “calcamales”, no se puede calcar. Un artista tiene que cantar con su sentimiento y hacer las cosas de la gente de ayer, pero con su corazón y sello propio porque si no será uno más. Habría que tomar ejemplo de Enrique Morente que evolucionó la música.

- ¿Se ha marginado a los cantautores de la libertad?

Desde la democracia, el Gobierno de España los ha fusilado culturalmente hablando. Eso es otro hecho negativo porque los que hemos llenado campos de fútbol y plazas de toros en pro de libertad a pecho descubierto contra el franquismo, ahora llegan unos señores y se hacen los falsos héroes. Muchísimos les han dado la espalda a los cantautores de la libertad como Lluis Llá, Raymon, Paco Ibáñez, mi amigo Labordeta, Luis Pastor, Elisa Serna o Pablo Guerrero.

- ¿Qué recuerdos conserva de su gran amigo Rafael Alberti?

Nos conocimos en 1970 en París donde vivía Picasso y yo canté allí. Después me invitó a su casa a Roma y me entregó ese poema que me dedicó. Ha estado conmigo en mi pueblo, La Puebla de Cazalla. Hice recitales con él que leía poemas y yo cantaba por el sur de Italia hasta que la Policía italiana me retiró el pasaporte. 

martes, 27 de noviembre de 2012

Norberto Torres: "El cante es lo último que surgió en el flamenco tras el baile y la guitarra"

Rigurosidad y amor por el flamenco. Son dos de las cualidades que definen al investigador Norberto Torres, convencido de que el flamenco es una música en continua evolución y una perfecta simbiosisde culturas. 

-¿Cómo ha sido este arduo proceso de investigación?

-Pues realicé los cursos entre 1992 y 1994 y mi proyecto de tesis inicial era sobre el flamenco y el folklore musical de Almería. Tuve una beca de investigación del IEA y comencé a estudiar los cantes de Levante, pero como estaba implicado más en la guitarra pues reorienté mi proyecto de tesis. 

-¿De dónde procede la guitarra flamenca?

-La tesis demuestra que desde el siglo XVI se puede que hay una guitarra popular andaluza que antecede a la guitarra flamenca. Me he basado en cuatro tipo de fuentes como las periodísticas, musicales, literarias e iconográficas para contrastarlas y seguir el proceso de construcción de la guitarra flamenca. 

-¿Con qué datos significativos se ha encontrado en su investigación que le hayan sorprendido?

-Lo primero es que desde el siglo XVI se puede ya hablar de guitarra popular andaluza con la presencia de una guitarra rasgueada o golpeada como la llamaban entonces. La única publicación del siglo XVI en España se publica en Sevilla, por lo que hay un foco de producción en torno a la guitarra localizado en Andalucía y sobre esta guitarra de acompañamiento. A partir de ahí, vemos una guitarra con función rítmica, que sirve para acompañar y hacer ritmo. 

-¿Qué destaca fundamentalmente en su tesis?

-Pues principalmente, defino el concepto de toque flamenco que es lo caracteriza la guitarra flamenca. Destaco la mano derecha, el uso de instrumento como elemento de percusión, armónico y melódico. He buscado esta guitarra rasgueada y puedo decir que en ningún momento hay una ruptura. 


                                     Norberto Torres con Tomatito. 

-¿Cuál fue la evolución del instrumento desde el siglo XVI hasta lo que entendemos por guitarra flamenca?

-En el siglo XVI y XVII la guitarra popular tenía cuatro cuerdas dobles y pasó a tener cinco dobles, lo que se conocía como guitarra barroca. Tuvo mucha difusión por toda Europa y se le llegó a conocer también como guitarra española, una guitarra rasgueada para acompañar danzas españolas. En el siglo XVIII todas estas danzas se transforman y aparecen formas que ya pueden documentar la cadencia andaluza como el fandango, pero continúa la guitarra rasgueada que seguirá hasta el XIX cuando surge la guitarra flamenca. 

-Por lo tanto, ¿el cante es un hecho posterior a la guitarra?

-El cante es muy posterior, es un fenómeno del siglo XIX. La guitarra está muy relacionada con el baile, una danza muy particular con influencia de América del Sur. Hay un proceso de llegada de elementos culturales a partir del descubrimiento de América queda carácter a la música popular española y, sobre todo, la andaluza. Por eso, es un instrumento rasgueado, de percusión rítmico porque sirve para acompañar a la danza. La guitarra marca el ritmo con los acordes y el guitarrista suele cantar. Pero en la primera mitad del XIX, relacionado con el romanticismo, hay una demanda de los bailes exóticos y hay un canto que aparece que es el oriental y ahí se vislumbran los antecedentes del cante flamenco.

-A partir de ahí surge el cante flamenco, ¿no?

- A partir de la primera mitad del siglo XIX comienza una demanda por este canto a lo oriental, de escuchar a estos cantantes que acompañan al baile y nace un espacio propicio para escuchar el cante como son los cafés cantantes. Ahí la guitarra preflamenca deja de ser acompañante del baile para acompañar al cante y aparece el género flamenco. 

-¿Qué mitos se pueden desmoronar con la publicación de su tesis con respecto a la guitarra?

-El principal mito que se puede romper con la tesis es que está más que demostrado es que el cante es lo último que llega en el flamenco. En la Historia del flamenco surgió una afición por el cante en la mitad del XIX con los cafés cantantes y entonces se focalizó la atención hacia el cante y se piensa que es lo primero y se considera que es secundario. Pero es todo lo contrario, ya que el cante es consecuencia de los bailes documentados desde el siglo XVI con su acompañamiento. 

-En el flamenco, ¿se puede decir que la investigación no ha sido muy rigurosa?

-Ha habido muchas teorías de aficionados, que les gustaban los cantaores y autores como Ricardo Molina y Antonio Mairena han afirmado que lo importante era el cante y lo demás era secundario. Mucha gente ha pensado eso sin tener actitud crítica y puesto que lo decían ellos iba a misa. 

-¿El flamenco ha sido una música de mestizaje desde sus orígenes?

-Efectivamente, este mestizaje comienza fraguarse en el siglo XVI que reúne diferentes culturas y las fusiona. El fenómeno se produce en Andalucía sobre todo y a partir de ahí se va desarrollando, transformando y adaptándose. 

-¿Se puede decir que el flamenco en contra de lo que se piensa es una continua transformación?

-Forma parte de la propia definición del flamenco porque dicen que se acaba, pero no es así porque nace de un sincretismo y es una esponja cultural que digiere muchas influencias y las hace suyas.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Toñi Fernández, de la mano del buen cante

Hay empeños que uno hace consigo mismo, cuentas pendientes con tu propio fisco. Y yo tenía una desde hace varios meses: sentarme a escribir unas líneas sobre “Dame la mano”, el primer disco de la cantaora almeriense Toñi Fernández. Por fin he sacado tiempo y aunque con un poco de demora, más vale tarde que nunca si el disco es bueno. Era algo que, aunque ha sido más después que antes, tenía que expresar porque la alegría fue inmensa cuando lo vi en mi buzón y, sobre todo, cuando comenzó a sonar en mi coche. Desde que escuché a Toñi por primera vez, no paré de repetirle a su marido Carlos, “el zapillerito de sus ojos”, que grabara un disco porque estaba convencido, y sigo, de que voces como la suya hay pocas. Fui muy “jartible”, a veces más pesao que un sudafricano con una vuvuzela, pero lo hacía porque me superaban las ganas de escucharla cuando quisiera sin necesidad de esperar a un recital o una reunión de cabales. Afortunadamente, Carlos y Toñi que chanelan de esto mucho más que yo, no me echaron muchas cuentas y lo cocinaron a fuego lento. El resultado ha sido esa perfecta receta flamenca: “Dame la mano”. Esta noche a las diez y media lo presenta en su tierra, en la plaza de la Constitución, la conocida Plaza Vieja, para deleite de sus paisanos. Una pena no estar allí.

Es la ópera prima de esta cantaora gitana de pura cepa que aglutina todas las cualidades para triunfar en el flamenco y sobre todo un poder de transmisión enorme que pellizca el tuétano (y perdónenme este tópico flamenco, pero si hay pellizco, hay que decirlo porque últimamente no es que abunde mucho). Un disco con una soleá que se extiende como una verdolaga con tallos enroscados en los pilares del flamenco, unas alegrías en las que rinde un tributo a Almería como epicentro de su vida y a esos sabios cantes de “El ciego de la playa”, la peña en la que forjó sus primeros compases. Unas alegrías que se bañan en la orilla de El Zapillo y saborean esa sal de la mar almeriense de la que está impregnada el cante de Toñi. Nos ofrece su mano y su corazón por tangos-rumbas e impone la fuerza telúrica de su flamenco por Levante, con unas tarantas en las que se “pelea” con el cante y le gana la partida. Recoge también unos tangos “fresquitos” (como dicen los “entendíos”) de tinte romántico con el genial aliño del piano de Fidel Cordero y la guitarra y buzuki de Riki Rivera.


El segundo hemiciclo del disco comienza como el primero con un compás de doce tiempos, pero en este caso por bulerías en las que se acuerda de algunos maestros del cante como Rosalía de Triana, Tomás Pavón y Juan Talega. Bulerías de puro compás.

Se mete en más “jondura” con una seguiriya dedicada a su hermano Manuel (“El Titi”, canela en rama también), en la que Toñi hace que las campanas lloren con su cante quejumbroso con el que hasta las “pieras” sienten sus fatigas. Flamenco sin artificios, cante sin ambages. El vello como la cabeza de Espinete.

La seguiriya es el preludio de “Eres el verso”, una preciosa bulería compuesta por el guitarrista Jesús Fernández, que atesora un sentido musical de otro planeta. Punza las emociones por malagueñas y cierra el disco como Antonio Mairena ponía el broche de oro a los festivales, por martinetes. Ole de verdad.


                   De los buenos manantiales nacen los buenos ríos:
                                       los Fernández y los "Troníos". 

Todo ello con la colaboración de la guitarra más flamenca, esa sonanta de Diego del Morao, el virtuosismo de Pedro Sierra (productor del disco), o el temple de Jesús del Rosario y Miguel Salado aderezados por la creatividad de Riki Rivera y Jesús Fernández y algunas flamenquísimas letras de “El Pele”, David Palomar o Rosario “La Tremendita”.

Si quieren comprobar la buena salud de la que goza el flamenco escuchen este disco, una auténtica kermés flamenca, una publicación a la que hay que darle no sólo la mano, sino un abrazo.

Y es que si se hunde el firmamento y aunque vengan temporales, existirá el buen flamenco en el eco de Toñi Fernández.