viernes, 30 de enero de 2015

El Alzheimer histórico


            Decía el ingenioso escritor alemán Jean Paul que la memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados. Y en este país, a menudo ingrato, hay muchos muertos que habitan en el paraíso del olvido, en parajes desconocidos o en fosas tan comunes como llenas de historias soterradas por la cobardía de los que se empeñan en cicatrizar unas heridas imborrables. Y es que la memoria es muy volátil y selectiva para algunos en esta España nuestra, el segundo país con más fosas comunes; sólo superado por Camboya, donde los jémeres rojos fueron un claro paradigma de la democracia, sin duda alguna.

            Pero lo que se olvida en nuestra casa, se recuerda muy bien de puertas para afuera. Por eso, esta semana, hemos asistido a un acto en el Senado para condenar el Holocausto nazi, cuando se cumplen 70 años de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, y rendir un tributo a las víctimas de esta barbarie. Un homenaje totalmente merecido y ejemplar en el que Felipe VI, ante la presencia de diputados de todos los colores políticos, aseveró que debemos “aprender la lección de la Historia para que jamás algo así vuelva a suceder”. Creo que nunca estaré más de acuerdo con el Rey en una afirmación así como muchas de las familias que tienen a sus familiares en cunetas o en inhóspitos parajes donde sólo habita la resignación.

         Al escuchar estas “Reales” palabras pensarían: ¿Y qué hay de lo nuestro? ¿Por qué hay tanta memoria, justificadísima por cierto, para crímenes atroces cometidos en otros países y aquí hacemos mutis por el foro? ¿Por qué para condenar el nazismo se habla de aprender lecciones y aquí nos cuentan que levantamos ampollas? Muchos no entendemos ese cinismo, ese doble rasero del lema “mucha memoria de puertas para afuera, pero Alzheimer en nuestra casa”. Ese mismo fariseísmo de Netanyahu que encabeza una manifestación por la libertad de expresión y los derechos humanos. Qué cosas, ¿eh?

          Este país no tendrá una transición completa hasta que no se condenen los crímenes de guerra cometidos tras el franquismo porque esas muertes también forman parte de las vidas de muchas personas. Una condena ejemplar como hace Alemania donde se avergüenzan y se sonrojan por esas barbaries cometidas. Como dijo esta semana Steven Spielberg en el acto celebrado en Auschwitz: “Memory is live”. Y quien se empeñe en sepultar el recuerdo de todas estas víctimas, estará enterrando la Historia que suele ser caprichosa y cíclica.



                 Afirma el antropólogo Luis Díaz Viana en su artículo Memoria y oralidad: la documentación de los recuerdos: “Hay quienes todavía se preguntan por qué los arqueólogos se afanan en desenterrar ahora estos cadáveres que no tienen aún un siglo. Como si el pasado reciente debiera de interesarnos menos que el remoto. Hay una buena razón y – en el fondo – es la misma que explica y justifica la búsqueda de vestigios de hace cientos o miles de años: devolver el nombre a los muertos, poder contar su historia los humaniza de nuevo, les devuelve aquella cercanía que les fue robada con su identidad. Y es que somos humanos porque narramos o se nos narra, porque resultamos capaces de contarnos mientras nos encontramos vivos y alguien habla aún de nosotros cuando ya estamos muertos. Existimos como personas porque vivimos en los otros. Porque alguien que todavía nos recuerda necesita saber donde yacemos para ir a visitarnos. Somos humanos por y para contar”, aunque algunos, añado yo, sólo nos cuenten patrañas y mentiras.


       A pesar del olvido interesado de algunos, estas personas vivirán sempiternamente en nuestro recuerdo y siempre nos quedará su historia y su música porque como decía un superviviente de la Revolución asturiana: “A nosotros, sólo nos quedan las canciones”. 

5 comentarios:

  1. La mala memoria parece una enfermedad crónica de ciertos sectores de la sociedad de nuestro país. Estos sectores deberían formar parte de la suciedad. Gracias por recordarnos lo que conviene no olvidar, Antonio. Ojalá tuvieras la oportunidad de ver la obra de teatro "El valle de los cautivos". Ahora termina sus funciones en Madrid. Ojalá la renueven y ojalá mucha gente pueda disfrutarla por toda la geografía española. Va sobre esta pérdida de memoria.

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  2. Muchas gracias, Don Alfonso. Se trata de una cuestión de justicia. Me encantaría ver esa obra teatral. Un abrazo.

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  3. Te he enviado un comentario y no sé si llega.

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  4. Decía que suscribo íntegramente tu artículo aunque resulte incoherente decir que discrepo de las frases primera y última.
    Por un lado creo que la memoria también es susceptible de ser intoxicada por la maldad humana y por otro, espero que no sólo nos queden canciones sino herramientas que nos ayuden a recuperar la dignidad individual y colectiva.

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  5. Muchas gracias por tu lectura, Rafael. La memoria colectiva sí puede ser intoxicada, aunque la memoria individual sí que creo que es un paraíso inexpugnable. En cuanto a la última frase, claro que hay que articular esas herramientas, como dices, para recuperar la dignidad individual y colectiva. De hecho, se dan ciertos pasos como el pasado domingo cuando se exhumó un cadáver de un fusilado en el 36 muy cerca de Mérida. Aunque desgraciadamente, los pasos son muy cortos y a muchos sólo les siguen quedando las canciones y sus recuerdos. Un abrazo.

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