domingo, 9 de noviembre de 2014

Por los venajes del pueblo


He escrito varias veces sobre la riqueza y diversidad de las letras flamencas en este humilde tablao virtual, que por cierto tengo un poco abandonado últimamente. Hoy vuelvo a hablar del carácter literario del flamenco y lo hago por la publicación de la obra “Por los venajes del pueblo” de José Alcántara, mi padre. Para quien no lo sepa todavía, de casta le viene al galgo la afición por este maravilloso arte como es el flamenco. 

Lo tenía escrito desde hace tiempo pero esta semana se ha dado un “capricho” y se ha autoeditado esta obra de 62 páginas y numerosas letras flamencas que tienen la intención de “airear las miserias del hombre y las de las entidades u organismos que  suelen representarle porque como dijo un sabio analfabeto de mi pueblo: los cerdos están repartíos”.

                                                Portada del libro 

El título surge de unos versos de Miguel Hernández (Por los venajes del pueblo / desde ahora y desde siempre, / varios tragos es la vida / y un solo trago la muerte) y ya en el prólogo deja claro el compromiso social de sus versos como ya lo hicieran otros grandes letristas como Francisco Moreno Galván, Manuel Gerena o El Cabrero, “comprometidos en las justas reivindicaciones de los más necesitados porque las apoderadas del arte flamenco siempre fueron doña Miseria y doña Calamidad”. La denuncia está presente en letras tan actuales como éstas:

Sangran ideales por brechas.
Tanto gastan, gastan tanto,
Los de izquierdas y derechas.

Ríos de sangre costaron
Conseguir tantos derechos,
Y ahora en un corto trecho
Nos dejaron de barbecho.

Sindicatos de a caballo
Que no veis el día a día
Si quitaran subvenciones
Otro gallo cantaría.

La justicia es una red
Donde se atrapan ladrones,
Pero si roban millones
Se les pasa más de un pez,
Aunque sean tiburones.

Cien veces maldito sea
El que inventara el dinero,
Ha hecho al hombre un rastrero
Lo ha dejado sin ideas,
Del dinero es prisionero.

Echan la culpa al ladrillo
De esta crisis criminal.
Y si te pones a pensar
La culpa es de los pillos
Que han robado sin parar.

La cultura no interesa
Al político de turno.
El pastor no quiere ovejas
Que discutan sus mandatos
Ni que les den las quejas
Cuando reciban los lapos.

Como hermosa mariposa
En campaña y elección,
Y cuando el pueblo lo vota
Donde dijo toma, es pon,
Se convierte en raposa
Y te deja en camisón.

Que se cuide el que manda,
Cuando pierda el poder,
Porque sus ojos puén ver
Al que ahora se le arrastra
Pasar por encima de él.

También se habla sobre la pérdida de inocencia o la facilidad del hombre para corromperse:

Limpios como el agua clara
De chiquitillos nacemos,
Y cuando vamos creciendo
Te va enseñando la vida
A revolcarte en el cieno.

O estas otras que las podría firmar hasta el “nuevo Papa”:

De la Iglesia el oro es fiebre.
El clero ya no se acuerda
Que partió de un pesebre.

Que nació en un pesebre
Porque odiaba las riquezas,
Y ahora llenan las iglesias
De oro, plata y orfebres.
Cristo llora de tristeza.

Las hay más filosóficas:

Si el presente ya no es
Y el pasado ya pasó,
¿Qué es el tiempo?, diga usted,
Si el futuro no llegó.

El hombre está subiendo
Peldaños de tres en tres,
Y no llega a comprender
Que el día menos pensado
Los baje de diez en diez.

No te fíes de tormenta
Que parezca que no es ná,
Que a veces la más troná
Con cuatro gotas contenta
Y la sorda da riá.

O estas “antipostureo”:

El sabio, que sabe tanto,
Siempre anda preguntando,
Y el necio, con ser tan tonto,
A todo va contestando.

Tó el que con ansía pregona
Es porque quiere vender,
Porque la fruta que lleva
Seguro que es de anteayer.

También habla de la proliferación de divorcios de la actualidad y lo hace con su habitual guasa:

Yo que por verte moría,
Yo que por verte soñaba,
Y ahora, en la notaría,
Por no verte yo pagara.

Y sigue la guasa:

El que trabaja se queja,
Se queja el que está parao,
Se lamenta el jubilao,
Que no pué morder la vieja.
Este mundo está chalao.

Las letras de este libro aglutinan todos los sentimientos que puede percibir un ser humano desde una pena honda:

De tanto no sentir nada
Ya noto que no me siento,
De vivir no tengo gana,
Morir es mi pensamiento.

Hasta el amor más intenso:

Las flores más presumidas
De aquel jardín tan hermoso
Sus pétalos recogieron
Cuando las miraron tus ojos.

Incluso esa envidia tan “made in Spain”:

Si la envidia oliera aquí
Apestaran muchos cientos
Pa taparse la nariz.

Unas letras que están divididas por palos (con martinetes irakíes incluidos) y subestilos para meterlas por fandangos de Alonso, Almonaster o cantes de las minas. Ya se las da “cuadrás” al cantaor que sólo debe ponerle voz y corazón a estas perlas literarias que surgen de la creatividad de un gran aficionado al flamenco, un hombre del Renacimiento que habita en el siglo XXI: José Alcántara Blanca.






2 comentarios:

  1. ¡Qué sorpresa! No tenía ni idea de que se estaba fraguando este libro. Me alegro mucho y le trasladas al autor mi más sincera enhorabuena.

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  2. Muchas gracias, Juan. Ya se lo comentaré. Un abrazo.

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