domingo, 14 de septiembre de 2014

La Virgen de la Hoz



La vida está llena de contrastes, de momentos antitéticos que enriquecen nuestro discurrir. Esta imagen captada con el móvil de mi padre durante una procesión en mi pueblo podría ser un claro ejemplo de esos claroscuros vitales. Y utilizo el condicional porque a pesar de que la instantánea nos impacte e incluso llegue a provocar hilaridad, creo que el origen de esa dicotomía a priori irreconciliable de los términos religión-comunismo no está tan alejada. Todos conocemos la teoría marxista de que la religión es el opio del pueblo y sabemos de la fobia de la iglesia católica por el comunismo. Quizá a ambos no les falte razón aunque si atendemos al atavismo del catolicismo y el comunismo creo que están bastante imbricados. ¿Acaso no fue Jesucristo el primer comunista? ¿Acaso el morir en la cruz por su pueblo no es el acto más comunista de la historia? Muchos gerifaltes de la Iglesia consideran esta teoría absurda quizás porque ellos tan alejados de la génesis y valores del comunismo. Se obsesionan con el símil Jesucristo – Stalin, ¿acaso ese loco ruso representa el origen de esta corriente?
Los ideólogos crean teorías que podrían ser válidas hasta que los torpes discípulos se encargan de desvirtuarlas. El comunismo en sí, aunque totalmente utópico, es una idea que puede funcionar en un grupo reducido hasta que la avaricia del hombre acaba por romperlo. La mezquindad o la falta de escrúpulos de dictadores como Stalin o el amigo norcoreano para no irnos tan lejos en el tiempo.
Así sucede también con el catolicismo ya que los valores de la religión católica que promulgó Jesucristo son los más justos y los que más abogan por un reparto de la riqueza entre los más desfavorecidos. El problema son los inquisidores y talibanes católicos (que también los hubo) que llegaron después y se empeñaron en contradecir la doctrina. O los que llevan cruces de oro y predican la pobreza esos mismos son los miembros del sanedrín que en su día se cargaron a Jesús. O los que en su vida llevan por bandera la avaricia y expían sus pecados cargando con un paso en marzo. Qué difícil es ser consecuente con los demás e incluso con uno mismo. Y es que quedan pocos como Jesús que prediquen con el ejemplo. Y a los que hay como el padre Miguel, que se jugó la vida por ayudar a los demás, vaya desde aquí mi más sincera admiración y respeto. Si todos fueran como él, hasta un servidor se pensaría hacerse católico. 
Espero que no me lea Fray Emilio Bocanegra porque si no las llamas de mi hoguera podrían llegar al cielo.    
Si empecé con una foto de mi padre acabo con unos versos gongorinos suyos:
Que predique con ejemplo
todo aquel que vaya al templo,
 bien puede ser. 

Más que por comulgar
quede libre de pecar,
no puede ser.