jueves, 29 de mayo de 2014

Ni Cánovas ni Sagasta


Esta original expresión la utilizó el diputado de Izquierda Unida, Víctor Casco, para manifestar su voto de abstención el pasado miércoles en el debate de la moción de censura. Esta frase paradigma de la lucha contra el bipartidismo es una de las muchas que se pronunciaron en el hemiciclo emeritense en el maratoniano debate de la segunda moción de la historia del Parlamento extremeño, la primera se debatió el 18 de marzo de 1987 con el mismo final: la moción decayó. Lo recordaba en los pasillos de la Cámara el diputado decano, el socialista Francisco Macías, que rememoraba aquellos plenos “partidos” que comenzaban los jueves por la tarde y continuaban los viernes. Pero esos plenos de dos días pasaron a la historia aunque el miércoles muchos nos temíamos que el pleno se prolongase hasta bien entrada la noche. Fue un debate intenso de casi doce horas donde hubo detalles que mucha gente no pudo ver (y no me refiero a la polémica de no retransmitirlo por parte de la televisión pública que eso es otro cantar).

                           Pedro Escobar en el hemiciclo. 

Mucha gente no pudo ver a un solitario Pedro Escobar en su sillón tomando notas y preparando su discurso con papel y boli, tampoco se pudo vislumbrar la llegada de Rafael Lemus, el más tempranero en llegar al hemiciclo, los saludos de militantes socialistas a Valentín García en el receso por su irónica referencia a la llamada de Wall Street y la Bolsa de Japón ante la posible preocupación de los inversores, la consulta del presidente Fernando Manzano a los portavoces para acortar el receso ante la dilación del turno matinal, el saludo afectuoso entre Pedro Escobar y Fernández Vara al inicio del pleno, al consejero Víctor del Moral recibiendo el cargador de su móvil en un sobre que le entregó un ujier, al pelotón de medios al término del debate para coger la “pole” y situarse bien para el canutazo y escuchar a Monago decir que se había librado del ataque del tiburón, a Vara aseverando que el cambio había comenzado, a Escobar haciendo un símil con juego de tronos para criticar al bipartidismo o a Beneyto con su novedosa y utópica propuesta de un gobierno de concentración.

También era curioso observar la gran presencia de público tanto en el palco del hemiciclo como en el patio noble de la Asamblea donde la separación no era sólo ideológica sino física, los socialistas a la izquierda y los populares sentados a la derecha. Fue gracioso también aprender que para referirse a Monago en lenguaje de signos hay que poner el dedo índice en un moflete en referencia al lunar del presidente y si quieres decir Fernández Vara hay que deslizar dos dedos por los mofletes porque según las intérpretes “se pone colorado”. Era también llamativo ver a la prensa almorzando-merendando-cenando en los aledaños de la Plaza de España a esa grata hora de las cinco y media de la tarde. O ver llegar a Víctor Casco con su sombrero panameño mientras en su tablet sonaba “El lago de los cisnes” de Tchaiskovsky. O escuchar los vítores y loas al presidente Monago tras revalidar la confianza de la cámara, alabanzas que continuaron en una fiesta en el Tryp Medea. Éstos son algunos de los detalles que se vivieron en el Parlamento el pasado miércoles en una jornada de intenso debate con muchas propuestas que esperemos no se queden en papel mojado y mejoren la vida de los extremeños. Ésta es la trastienda o la cara B de la crónica de una moción rechazada. 

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