miércoles, 17 de agosto de 2011

La crisis y el ocaso del piropo

Guapa’, ‘ole, las cosas bonitas’, ‘eso sí es un cuerpo y no el de la Guardia Civil’. Estos piropos cada vez se escuchan menos, los halagos a la mujer están tan de capa caída como la construcción. La escena del albañil vanagloriando la belleza de una mujer ha formado parte de la idiosincrasia de su profesión. Los piropos estaban tan inmersos en el modus vivendi de un albañil como el palustre o la hormigonera. Este sector ha sido durante mucho tiempo el que mejor ha amasado los piropos, el que ha construido desde las lisonjas más originales a las más soeces. La crisis del ladrillo ha provocado que los halagos se desplomen como un castillo de arena. Aunque el ocaso del piropo no se puede reducir a una consideración tan simplista como el desplome de la construcción, hay que bucear en las entrañas de la sociedad actual para comprender las causas de la progresiva desaparición de los piropos.


                                                                        Foto: Juan Sánchez

La profesora de la Universidad de Málaga, Susana Guerrero, experta en sexismo lingüístico considera que el ocaso del halago se debe a las nuevas relaciones de igualdad entre mujeres y hombres. “En general, los jóvenes con formación identifican esta forma de piropear como una forma de machismo y el piropo está cediendo terreno a favor del cumplido que, indistintamente, utilizan hombres y mujeres para halagar al propio o al otro sexo”, comenta Guerrero a LA VOZ.

Los tiempos cambian y los piropos se encubren en los mensajes de texto y en las redes sociales y no en plena calle. “El piropo se ha entendido tradicionalmente como una manifestación lingüística espontánea del hombre ante la belleza de una mujer. Estas manifestaciones podían ser más o menos acertadas, elegantes, graciosas, groseras... pero, en cualquier caso, siempre era el hombre el que contemplaba a la mujer como objeto y opinaba en plena calle y a viva voz sobre su apariencia, su forma de andar... En la actualidad, este tipo de piropo se está extinguiendo”, espeta la profesora malacitana.

El piropo es poliédrico, consta de mil caras y versiones, algunos pueden rozar el verso poético y otros las frases más chabacanas. El límite entre el halago y el ataque verbal es delgado para muchas mujeres e incluso algunas piensan que siempre hay escondido un deseo latente, una puerta de acceso a la mujer. “Me parece machista, aunque algunos son graciosos, pero siempre es del hombre a la mujer y parece que el se tiene todo el derecho del mundo a decirlo”, expresa María José Romero, vicepresidenta de la asociación de mujeres ‘Luna’. Otras mujeres como la almeriense Pepi Madrid son más moderadas y abogan por un “piropo fino y educado, aunque cada vez a los hombres les da más corte decirlo”.
El piropo es propia de sociedades extrovertidas como la cultura mediterránea con “gente abierta, clima que favorece el paseo y la contemplación en plena favorecen que se use”, arguye Susana Guerrero. Es como un fuego artificial que emana de forma espontánea, de hecho la palabra viene del sustantivo griego ‘pyros’ que significa fuego, aunque esta llama hecha palabra se apaga cada día más.

4 comentarios:

  1. Me da a mí que piropear hasta está mal visto ya y todo... quizá se identifique con otros tiempos y hoy en día eso de tirar fichas a una señorita, aunque sea con arte, no está demasiado bien contemplado, por ellas, digo. Así, en general. Sin ánimo de ofender a alguna que otra mandataria...

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  2. Hay cosas en esta sociedad que se sacan de quicio, un piropo bien dicho y sin ofender es una obra de arte como el que me dijo una chica que le habían lanzado: "Si amarte fuera trabajo, no existiría el paro". Ole, de verdad. Por cierto, a ver si nos vemos por el festival de Almería que empieza el lunes. Un abrazo.

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  3. Reconociendo lo delicado del tema que abordas, entiendo que el problema no es el piropo, sino quién y cómo lo diga. Se puede ser galante o soez por palabras o actitud. La herramienta, el piropo, no es responsable. Salvando las distancias el típico ejemplo del cuchillo que es necesario para alimentarlos, pero que puede tener usos más dañinos. El mal uso del cuchillo no debe cuestionar su utilidad. Armenteros

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  4. Es cierto, Juan. Es igual que la dinamita e incluso Internet que pueden tener mil usos positivos y negativos. Por tanto no pienso como las feministas que saco en el reportaje, que condenan al piropo siempre, porque por esa regla de tres la lira de los poetas no hubiera sonado jamás.

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