sábado, 14 de mayo de 2011

Puedo prometer y prometo...

Esa frase que puso de moda el ex presidente Adolfo Suárez en la década de los 80 sigue vigente en la actualidad treinta años después. Muchos políticos de turno lanzan propuestas impensables con una facilidad pasmosa, dan empleo el último mes antes de las elecciones, regalan flores en los mercadillos mientras el resto de la candidatura se dedican a regar sus bolsillos. Como dice el sabio hombre de mi padre el político sufre una extraña metamorfosis: en periodo de elecciones es una bella mariposa, cuando gana se hace un capullo y cuando permanece en el poder se convierte en un gusano. Tampoco quiero generalizar porque hay algunos que se salvan de la quema aunque esos, desgraciadamente, suelen acabar aplastados por sus propios compañeros de partido. 

La (poca) clase política debería pensar en lo que se ha luchado en este país para alcanzar el voto libre y tendría que dignificar sus candidaturas solo por respeto a las personas que se han dejado la vida para que puedan presentarse a unas elecciones. Los mítines son vacuos, aburridos y enlatados, un insulto a la oratio de Cicerón. Como dice mi tocayo de apellido, mi admirado y gran poeta Manuel Alcántara: “Hay dos clases de políticos: los que tienen facilidad de palabra y los que tienen fatalidad de palabra, que son bastante más numerosos”.

En los mítines las promesas son aplaudidas por una incondicional masa de borregos que vitorean a su luz de guía, ese líder que se crece ante los aplausos. Son tan soporíferos que a veces hastían hasta a las ovejas de su propio rebaño.Cada cuatro años nos bombardean con promesas que no valen nada como dirían Los Piratas en esa magnífica canción. Podrían cambiar el 'puedo prometer y prometo' por 'si puedo haré...'. Me gustaría ver un mitin en el que no se prometa nada, quizás ese político ganaría más votos por su honestidad. 

Para mí una promesa es la que hacían muchas señoras de mi pueblo que se podían prometer y se prometían a ellas mismas que si el hijo de sus entrañas sanaba subirían de rodillas hacia la ermita de Santa Ana por el Camino Viejo empedrado. Y la cumplían. Si ellos tuvieran que subir el camino con esa continua genuflexión se pensarían dos veces irradiar tantas mentiras. Pero es mucho más fácil la promesa de uno cuando pagan todos. En esta época electoral reina en mi mente esa sincera letra de José Prada que canta El Cabrero por fandangos: Muchos prometen la luna / hasta llegar al poder / y cuando arriba se ven / no escuchan queja ninguna / y te tratan con el pie.

2 comentarios:

  1. Compañeros y compañeras, hemos cumplido. Estamos satisfechos de lo realizado durante estos cuatro años. Ahí están los resultados, nuestra gestión ha sido brillante y nadie puede negar la evidencia. Pero necesitamos vuestro apoyo para que nuestro pueblo siga creciendo como hasta ahora, para seguir mejorando la vida de nuestros vecinos, y bla, bla, bla, bla.

    Compañeras y compañeros ya es hora de sanear nuestro ayuntamiento. Tenemos que quitar a quienes durante cuatro años no han sabido solucionar los problemas del pueblo, estamos mucho peor que antes, cada vez tenemos más parados, los únicos que trabajan son los suyos y han conseguido que el ayuntamiento tenga más deudas. ¡Ya está bien! Hay que cambiar la situación, queremos regenerar la política en nuestro pueblo. No pueden seguir ahí los mismos mangoneando y bla, bla, bla, bla.

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  2. Muy bueno, Juan. Esos dos discursos podrían ser válidos para cualquier pueblo porque en todos prometen lo mismo. De hecho, los mítines de Rajoy, Zapatero, Arenas o Griñán en diferentes ciudades son idénticos, aunque eso sí hacen el esfuerzo de cambiar el nombre del lugar en el que están y preocuparse (véase Rajoy en Canarias cuando soltó que tenía siete islas). Un abrazo.

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